
El dirigente cubano Miguel Díaz-Canel admitió durante una reunión extraordinaria del Partido Comunista que la alimentación de los cubanos debe tratarse como un asunto de “seguridad nacional”, poniendo fin a años de negación del régimen sobre la supuesta “soberanía alimentaria” de Cuba.
La declaración que llega en medio de una crisis marcada por escasez prolongada, dificultades productivas y un deterioro que millones de personas enfrentan desde hace años en su vida diaria.
La frase “No hay soberanía con el plato vacío” fue pronunciada durante un encuentro donde se aprobaron nuevas propuestas económicas y sociales, y llamó la atención por los esfuerzos que se ha tomado el oficialismo cubano en negar la crisis a la población.
Desde escribir noticias falsas sobre que “todo el planeta” está en crisis alimentaria como Cuba, hasta inventar que los videos de influencers en supermercados son orquestados toda la comida de un pueblo o ciudad, el régimen ha intentado hacer creer a sus ciudadanos que su situación no está “tan mal”.
Las autoridades minimizan la falta de leche para niños y bebés, presumen como un logro el agregado de pasta de calabaza o boniato al pan a falta de harina, y niegan que el picadillo de las tiendas esté en mal estado, contaminado y tratado con pésima higiene.
Por ello, llamó la atención de los cubanos que el discurso de Díaz-Canel colocara la producción de alimentos como una prioridad y presentara medidas relacionadas con el uso de tierras agrícolas, apoyo a productores y cambios en algunas políticas económicas.
Las declaraciones ocurren en un momento donde distintos funcionarios han comenzado a reconocer problemas que durante años fueron minimizados o presentados como situaciones temporales.
Pero estas declaraciones están lejos de ser una toma de responsabilidad por parte de las autoridades, pues la estrategia es hacerse las víctimas y culpar de cada problema del país a Estados Unidos y sus sanciones contra la Isla.
Mientras las autoridades anunciaban pequeñas mejoras o medidas puntuales como soluciones, la población seguía denunciando dificultades para conseguir alimentos básicos.
La falta de productos esenciales continúa afectando a numerosas familias. Informes recientes reconocieron problemas con la distribución de aceite, pollo, yogurt y leche destinada a menores.
También persisten dificultades con la harina y otros productos necesarios para elaborar alimentos de consumo diario. Más de 100.000 niños han sido afectados por problemas relacionados con el suministro de leche, según reconocieron funcionarios recientemente.
Durante los últimos años se hicieron frecuentes medidas de emergencia para intentar mantener algunos productos en circulación. Entre ellas aparecieron sustituciones y modificaciones en alimentos elaborados con materias primas alternativas para compensar la falta de insumos tradicionales.
La situación también contrasta con otro elemento señalado repetidamente por ciudadanos en redes sociales y medios independientes.
Aunque Cuba mantiene importaciones de alimentos y productos procedentes de distintos países, incluido EEUU, muchas personas continúan denunciando dificultades para acceder a esos productos debido a precios elevados o a que parte de la oferta termina concentrada en circuitos de turismo o establecimientos que operan con divisas y pagos en monedas extranjeras.
Las quejas relacionadas con tiendas en dólares y con el acceso desigual a determinados productos se han repetido con frecuencia en distintos puntos del país. Muchos cubanos señalan que productos disponibles en determinados establecimientos quedan fuera del alcance de salarios y pensiones estatales.
La crisis alimentaria tampoco puede separarse de otros problemas que afectan al país. Los apagones prolongados dañan alimentos refrigerados, dificultan la producción y afectan la distribución de mercancías. A esto se suma la escasez de combustible y las dificultades del transporte.
Las cifras muestran el tamaño del problema. Cuba importa entre el 70% y el 80% de los alimentos que consume y diversos indicadores reflejan una caída importante en la producción nacional de leche, huevos, arroz y otros productos agrícolas.
En ese contexto, el reconocimiento oficial de la gravedad de la situación llega después de años de reclamos de una población que desde hace tiempo advertía sobre problemas para acceder a alimentos básicos y sobre el aumento constante de los precios.