
Miguel Díaz-Canel elevó este lunes el tono de la confrontación con Washington al advertir que cualquier acción militar de EEUU contra Cuba provocaría un “baño de sangre de consecuencias incalculables”, en una de las declaraciones más tensas del régimen cubano desde que crecieron los reportes sobre una posible respuesta militar estadounidense.
El gobernante cubano reaccionó después de que medios estadounidenses publicaran información atribuida a inteligencia clasificada, según la cual La Habana habría adquirido más de 300 drones militares procedentes de Rusia e Irán. Los reportes apuntan además a que funcionarios cubanos habrían discutido su posible uso contra la Base Naval de Guantánamo, buques militares de EEUU e incluso objetivos en Key West, Florida.
“Ya la amenaza constituye un crimen internacional. De materializarse, provocará un baño de sangre de consecuencias incalculables, más el impacto destructivo para la paz y la estabilidad regional”, escribió Díaz-Canel en X.
La Habana niega planes ofensivos, pero refuerza el discurso militar
Díaz-Canel sostuvo que Cuba “no representa una amenaza” y aseguró que el país no tiene planes agresivos contra EEUU ni contra ningún otro Estado. También defendió lo que calificó como el “derecho absoluto y legítimo” de Cuba a responder ante una eventual arremetida bélica.
El mensaje encaja con una narrativa que el régimen ha reforzado en las últimas semanas: presentar la presión de Washington como una agresión externa, mientras evita responder con transparencia sobre los señalamientos relacionados con drones, alianzas militares y cooperación con Rusia e Irán.
La expresión “baño de sangre” ya había sido empleada por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla el 8 de mayo, cuando alertó sobre las consecuencias de una acción militar estadounidense. La Cancillería cubana también insistió el domingo en que, si Cuba es atacada, ejercerá su derecho a la legítima defensa.
EEUU mantiene la presión mientras habla de negociación
La escalada no ocurre en el vacío. Funcionarios de la administración Trump han dejado claro que la opción militar contra Cuba sigue “sobre la mesa”, aunque no habría una operación inminente preparada. Al mismo tiempo, Washington ha endurecido las sanciones contra sectores estratégicos vinculados al régimen, incluidos energía, defensa, minería y servicios financieros.
La presión también tiene un frente político. En el Congreso estadounidense, el secretario de Defensa Pete Hegseth declaró recientemente que Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional de EEUU. Además, legisladores republicanos bloquearon iniciativas demócratas orientadas a limitar los poderes de guerra de Trump respecto a la isla.
Pese al tono público, también se han reportado contactos discretos entre ambos gobiernos. Según las informaciones disponibles, Washington habría ofrecido ayuda humanitaria en alimentos, medicinas e internet satelital mediante Starlink, con la condición de que la distribución no quede en manos del Estado cubano, sino de la Iglesia Católica y organizaciones independientes.
Un dato incómodo para el régimen: el apoyo a medidas extremas
La retórica oficial cubana insiste en presentar cualquier presión militar como una agresión contra “el pueblo”. Sin embargo, sondeos recientes muestran un fenómeno político que el régimen evita mencionar: una parte significativa de cubanos consultados, dentro y fuera de la isla, respalda medidas extremas para provocar un cambio político.
Una encuesta entre cubanos del sur de Florida mostró un amplio apoyo a algún tipo de intervención de EEUU para promover un cambio de régimen o responder a la crisis humanitaria.
Otro sondeo digital, con participación reportada tanto desde Cuba como desde el exterior, indicó respaldo mayoritario a una intervención directa de EEUU, aunque su metodología abierta obliga a leer esos datos con prudencia y no como una medición científica de toda la población cubana.
Aun así, el dato refleja un desgaste profundo: para muchos cubanos, el régimen ya no logra presentarse como víctima exclusiva de una amenaza externa, sino como responsable directo de una crisis política, económica y social que ha empujado a sectores de la población a contemplar escenarios antes impensables.
Mientras La Habana habla de defensa nacional y Washington aumenta la presión, el riesgo mayor sigue recayendo sobre los cubanos comunes, atrapados entre un régimen cerrado a cambios reales, una crisis humanitaria agravada y una tensión geopolítica que podría tener consecuencias imprevisibles.

