
El presidente designado de Cuba, Miguel Díaz-Canel, expresó su plena satisfacción por la presencia en La Habana de un grupo de activistas internacionales que llegaron al país para manifestar su respaldo al sistema comunista, ignorando las ansias de libertad de millones de cubanos.
En total, han arribado al país unas 650 personas de más de 30 países, como parte de una iniciativa conocida como Convoy Nuestra América a Cuba, impulsada por una fuerte campaña mediática a favor de la dictadura cubana y en contra de la política de Estados Unidos hacia el castrismo.
Durante su reunión con varios activistas, Díaz-Canel, envalentonado por la ayuda económica que estos grupos están ofreciendo al régimen en un momento de máxima tensión, aseguró que las generaciones actuales no dejarán morir el legado del dictador cubano Fidel Castro en el año de su centenario.
“Estamos en tiempos difíciles, pero también en tiempos de definiciones, y aquí hay un pueblo que prefiere vivir de pie a morir de rodillas”, enfatizó el mandatario, según el reporte de Juventud Rebelde. “Seguimos siendo de Patria o Muerte, y venceremos”, agregó.
En su intervención, Díaz-Canel agradeció la presencia de los asistentes y destacó que su visita significa mucho para el Gobierno. Asimismo, consideró que este tipo de respaldo internacional aporta una “energía espiritual” en un contexto particularmente complejo.
“Esta revolución va a continuar venciendo”, defendió, agradecido por el oxígeno que estos grupos proporcionan al sistema comunista cubano, mientras el pueblo sigue enfrentando carencias y falta de libertades.
Sus palabras contrastan con la situación que vive la población cubana, que ha protagonizado constantes protestas exigiendo libertad. La crisis es insostenible y el régimen lo sabe, por eso se aferra a iniciativas “solidarias” como esta.
Los prolongados apagones —que en algunas zonas superan gran parte del día—, la escasez persistente de alimentos, la inflación elevada y el notable deterioro del poder adquisitivo son consecuencia de una pésima gestión gubernamental que se ha extendido por más de seis décadas.
A ello se suman carencias en el sistema de salud y la crisis educacional, dos sectores que la dictadura cubana defendía como conquistas de la Revolución y que hoy se encuentran en completa ruina.
En este contexto, el reiterado llamado oficial a la resistencia ha sido objeto de cuestionamientos, especialmente por la distancia entre el discurso político y la realidad cotidiana de la mayoría de los ciudadanos.
También ha generado críticas la presencia de delegaciones extranjeras que respaldan al régimen cubano. Diversas voces señalan que estos activistas, provenientes de países con mayores libertades y estabilidad económica, apoyan un sistema que enfrenta graves señalamientos por restricciones a derechos básicos, sin experimentar directamente las condiciones de vida en la isla.
Mientras tanto, las autoridades continúan atribuyendo la crisis principalmente a factores externos, en particular a la política de EEUU y a figuras políticas como Donald Trump, evitando asumir responsabilidades internas relacionadas con el modelo económico y la falta de reformas estructurales.

