
A la cultura popular cubana han llegado algunas de las historias de Diego Grillo “El Mulato Lucifer”, un pirata que mantuvo en vilo a las autoridades de la Isla durante parte de los siglos XVI y XVII. Pese a lo anterior, hay algunos elementos de su vida que han llegado a ser más esclarecidos que otros.
- Se cree que Diego nació en la villa de San Cristóbal de La Habana en 1556, como hijo de un peninsular y una negra esclava y que su padrino fue el capitán español Domingo Galván Romero.
- No recoge la historia, de qué manera llegó a formar parte del servicio del gobernador de Campeche, territorio mexicano. Se dice que este funcionario lo sometía a varios maltratos, acción que luego provocaría que Grillo decidiera escaparse para después ocupar un puesto de grumete en un barco español.
- Fue hecho prisionero por el célebre pirata Francis Drake en el año 1572, luego de que el inglés saqueara los territorios de Nombre de Dios, Campeche y Veracruz. En una de esas embestidas, miembros de su tripulación apresaron a Diego. El corsario europeo luego trabaría gran amistad con el cubano y lo convertiría en su discípulo.
- Con el ascenso de Drake, llegó el de Grillo. El mulato habanero fue colocado al mando de un navío en el que coincidió con franceses, ingleses y holandeses. Fue ahí cuando comenzó a amenazar las costas de su país de nacimiento. Entonces, una de las misiones fundamentales del Capitán General de Cuba, Juan de Maldonado y Barnuevo, fue capturar a Diego, vivo o muerto.
- Bajo las órdenes de Francis, se cree que el cubano tuvo participación en ataques a Mogadores, Río de Oro, Cabo Verde, La Plata, El Callao y otros sitios ubicados en la costa oeste de Sudamérica.
- Se ha podido comprobar que Grillo estuvo en una de las veintitrés embarcaciones con las que Drake se dispuso a saquear Cartagena de Indias y Puerto Cabello, misión que no pudo concretarse después de que la tripulación contrajera fiebre amarilla. Al regreso, pasó por el Cabo de San Antonio, sitio desde el cual el europeo habría planificado un ataque a La Habana que finalmente no pondría en práctica.
- Varios años más tarde se conoce de su unión con el corsario neerlandés Cornelius Coorneliszon Jol, más conocido como “Pata de palo”. El cubano fue su segundo al mando. En 1619, el antillano lideró una arremetida en la bahía de Nuevitas, donde se apoderó de seis fragatillas subordinadas hasta entonces a la Corona española.
- Historiadores aseguran que, años después, fue fundamental en el ataque a varios galeones en las cercanías al Mariel y a una expedición que se dirigía desde Veracruz hasta la capital cubana.
- En 1633, junto a “Pata de palo”, asalta Campeche, territorio que ya conocía a la perfección. En la batalla cae en combate Domingo Galván Romero, su padrino, quien era uno de los militares al frente de la defensa de la ciudad.
- Hay informaciones confusas sobre su muerte. Algunos datos indican que fue capturado y ahorcado por los españoles en 1673. Otras notas, en cambio, todavía lo sitúan en 1680 en un buque en Boca de las Carabelas.

La piratería en Cuba y en los siglos XVI y XVII
Durante los siglos XVI y XVII, Cuba se convirtió en uno de los principales objetivos de los piratas y corsarios que asolaban las aguas del Caribe. La isla, estratégicamente ubicada en el centro del archipiélago antillano, se convirtió en un punto clave para las rutas comerciales entre Europa y América
Las riquezas provenientes del comercio de oro, plata, tabaco y otros productos hicieron de Cuba un blanco atractivo para las potencias extranjeras y los saqueadores, quienes frecuentemente intentaban tomar la isla o robar sus valiosos cargamentos.
El fenómeno de la piratería en Cuba se intensificó a partir de la segunda mitad del siglo XVI, cuando las flotas españolas comenzaron a establecer rutas comerciales más regulares entre América y Europa. Esto aumentó la demanda de proteger los puertos y las rutas marítimas.
Sin embargo, la defensa de la isla no siempre fue efectiva, lo que permitió a corsarios como Francis Drake y Henry Morgan atacar y saquear varias ciudades y fortalezas. Drake, famoso por su incursión en 1586, asedió La Habana, uno de los puertos más importantes de Cuba, causando grandes daños a la infraestructura de la ciudad y llevándose considerables riquezas.
El siglo XVII continuó siendo una época de incertidumbre para la isla. En 1628, el pirata inglés de origen holandés, Piet Hein, capturó una flota española cargada con oro y plata, un golpe devastador para la economía de España en el Caribe.
En respuesta, España reforzó sus defensas en la isla, construyendo fortificaciones como el Castillo de San Salvador de la Punta y el Castillo del Morro en La Habana, que aún hoy se erigen como símbolos de esta era de asedio.
La piratería no solo fue un desafío militar, sino también un fenómeno que involucraba cuestiones económicas y políticas. Muchos de los piratas eran contratados por países rivales de España, como Inglaterra, Francia y los Países Bajos, que veían en la piratería una forma de debilitar la economía española y apoderarse de sus bienes en el Caribe.
Las actividades de estos corsarios, que a menudo se desarrollaban desde puertos en las islas cercanas como Jamaica, Martinica y Tortuga, fueron decisivas en el debilitamiento del imperio español en el Caribe y, por ende, en el destino de Cuba.
A lo largo del siglo XVII, la piratería en el Caribe se fue organizando cada vez más, con la creación de flotas piratas y redes de saqueo más sofisticadas. La presencia de corsarios y piratas se volvió casi constante en las costas de Cuba, y la isla se vio asediada por ataques tanto de saqueadores independientes como de fuerzas al servicio de potencias extranjeras.
Esto no solo afectó la economía cubana, sino también su estabilidad política, pues los ataques continuos hicieron de la isla un lugar peligroso y difícil de controlar para el imperio español.
A medida que la piratería disminuyó en el siglo XVIII, debido en parte a la mejora de las defensas españolas y el fortalecimiento de las armadas europeas, Cuba pasó de ser un blanco fácil para los piratas a convertirse en una pieza clave en la lucha geopolítica en el Caribe.
Sin embargo, las huellas de esos siglos de asedios piratas permanecieron en la memoria histórica de la isla, reflejándose en sus fortificaciones y en la cultura popular que aún recuerda a los audaces corsarios que cruzaron sus aguas.

