
La comunidad de Cárdenas despide con profundo dolor a María Díaz, una enfermera cubana que dedicó décadas de su vida a la sala de respiratorio pediátrico del Hospital Julio Miguel Aristegui Villamil.
Su fallecimiento desató una avalancha de testimonios en redes sociales que confirman lo que muchos ya sabían: María fue mucho más que una profesional de la salud.
La enfermera cubana que ni jubilada abandonó a sus niños
Pocas historias resumen mejor la vocación médica en Cuba que la de María Díaz. Dirigió durante años la sala de respiratorio pediátrico en uno de los hospitales cubanos más importantes de Matanzas y se ganó el cariño de generaciones enteras.
Lo que la convirtió en leyenda no fue solo su trayectoria profesional. Después de jubilarse, María tomó una decisión que sorprendió a pocos de quienes la conocían: regresó al hospital porque no concebía su vida lejos de aquellos pasillos.
El propio centro asistencial lo confirmó en su homenaje público: “María regresó a su querido hospital tras su jubilación, porque nunca dejó de sentirse parte de esa familia, de esos niños que, como ella misma decía, eran su razón de ser”.
“Era el alma de la sala de Pediatría”
Su habilidad para tratar a los niños cubanos más pequeños durante procedimientos difíciles la hizo insustituible. Canalizar una vena a un menor asustado requiere una paciencia que pocos dominan, y María la tenía de sobra.
Yaisa Fraguela González, quien la conoció de cerca, describió ese talento con precisión: “María era el alma de la sala de pediatría del hospital de Cárdenas. Ella aún jubilada y en otra área, ayudaba desde su posición; porque los niños se portan mal cuando de canalizar una vena se trata”.
Alicia Vázquez, madre de uno de sus pacientes, dejó un testimonio que resume el sentir de decenas de familias: “solo contigo nuestro hijo se dejaba canalizar la vena, porque le transmitías paz y confianza en los momentos más difíciles. Fuiste, eres y serás la mejor enfermera de todas”.
Cárdenas pierde a su pediatra cubana más querida
El fallecimiento de María Díaz golpeó a toda la comunidad médica de la ciudad. El doctor Edel Mariño Corzo, pediatra cubana que trabajó junto a ella durante años, se despidió con palabras cargadas de afecto: “Mi María la única, cuántas horas de trabajos juntos, ejemplo de enfermera, con tu trabajo y tu andar por la vida te ganaste el cariño de nuestra población”.
No se conoce la causa exacta de su muerte ni su edad precisa, aunque las imágenes disponibles la muestran como una mujer de edad avanzada. Su última fotografía junto a un paciente data de diciembre de 2025.
La partida de María abrió una herida que va más allá de lo personal. Fraguela González lo resumió con una frase que caló hondo en quienes la leyeron: “Nos está dejando solos la generación de hierro y eso duele”.
Esa generación de hierro representa a los profesionales formados en las décadas de mayor fortaleza del sistema de salud cubano. Su nivel de entrega resulta cada vez más difícil de encontrar en los hospitales cubanos actuales, golpeados por la crisis que atraviesa el país.