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Dos sombras del poder: Fouché y Fidel, los rostros del cinismo histórico

Si Fouché traicionaba por cálculo, Fidel lo hacía por instinto; si el francés conspiraba en silencio, el cubano destruía con palabra y fusil
Fallece médico español que operó a los dictadores Fidel Castro y Hugo Chávez (1)
Tras la operación realizada por el doctor José Luis García Sabrido, Fidel Castro pudo perpetuarse unos años más en el poder. (Captura de pantalla de referencia © Fidel Castro Ruz – YouTube)

La historia, con su eterna ironía, suele fabricar sus monstruos con los mismos materiales: la ambición, el miedo y la mentira. Joseph Fouché y Fidel Castro, separados por siglos, comparten un mismo molde moral: el del político que convierte la traición en método y el poder en religión.

Uno emergió entre guillotinas, el otro entre fusiles, pero ambos edificaron su gloria sobre la ruina ajena. “El poder es de por sí malo; y la historia no es más que el registro de sus abusos”, dijo Jacob Burckhardt.  En cuanto al cinismo, creo firmemente que Fidel Castro habría podido dar soberanas clases a Joseph Fouché.

El primero, un dictador disfrazado de redentor; el segundo, un conspirador refinado que transformó la intriga en arte. Ambos, sin embargo, representan la misma esencia: el poder ejercido desde la mentira, la manipulación y el desprecio absoluto por la vida ajena.

Fouché, el hombre de las sombras en la Revolución Francesa, fue ministro de todos y fiel a ninguno. Calculador, frío y dueño de una inteligencia casi matemática, supo sobrevivir a la guillotina gracias a su habilidad para traicionar a tiempo. Su moral era la del camaleón: siempre del color del poder dominante.

Fidel castro apagones en Cuba promesas
Bajo el modelo comunista que Castro implantó, la situación es incluso peor que antes de 1959. (Foto de referencia © Periódico Cubano – Grok)

Fidel, por su parte, fue el actor principal de una tragedia caribeña. No necesitó las sombras: gobernó desde la luz falsa del discurso y la opacidad del miedo. Si Fouché traicionaba por cálculo, Fidel lo hacía por instinto; si el francés conspiraba en silencio, el cubano destruía con palabra y fusil. Ambos, sin embargo, compartieron el mismo veneno: la ambición ilimitada y el placer enfermizo de dominar.

En uno encontramos la máscara del racionalismo político; en el otro, la del fanatismo ideológico. Fouché traicionó a Robespierre y sirvió a Napoleón; Fidel traicionó a la libertad y sirvió solo a sí mismo. Los dos creyeron que el poder no se comparte: se usa, se abusa y se perpetúa.

Fouché murió con su fortuna intacta y su nombre infame; Fidel murió con su dictadura aún respirando entre ruinas. Ambos fueron hijos del cálculo y padres de la mentira. Y si la historia los separa por siglos y geografías, los une una sola frase que podría haber sido escrita por cualquiera de los dos: El poder no se comparte: Se usa !!!

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