
José Mujica, expresidente de Uruguay, falleció a los 89 años este martes tras una larga lucha contra el cáncer. La noticia fue anunciada por el actual mandatario de esta nación, Yamandú Orsi, quien expresó su profundo dolor y rindió un homenaje a quien fuera un querido compañero, militante y referente para varias generaciones.
En abril de 2024, el izquierdista y exguerillero sorprendió a todos durante una conferencia de prensa al revelar que padecía cáncer de esófago. “Se descubrió que tengo un tumor en el esófago, que es algo obviamente muy comprometido y que es doblemente complejo en mi caso, porque padezco una enfermedad inmunológica”, comentó en aquella ocasión.
Con profundo dolor comunicamos que falleció nuestro compañero Pepe Mujica. Presidente, militante, referente y conductor. Te vamos a extrañar mucho Viejo querido. Gracias por todo lo que nos diste y por tu profundo amor por tu pueblo.
— Yamandú Orsi (@OrsiYamandu) May 13, 2025
Tras ese anuncio, emprendió un tratamiento que incluyó 32 sesiones de radioterapia. A pesar de la desaparición del tumor, su recuperación fue dolorosa y estuvo marcada por varias internaciones debido a los problemas que sufrió para alimentarse. Sin embargo, su situación empeoró a principios de 2025, cuando, en una entrevista con el medio Búsqueda, confesó que el cáncer había hecho metástasis.
En ese momento, Mujica dejó un mensaje a la población: “Hasta acá llegué”. Además, solicitó que lo dejaran en paz, lejos de entrevistas y en la tranquilidad de su chacra (granja), donde disfrutaría de sus labores cotidianas.
A pesar de sus deseos de retirarse de la vida pública, continuó siendo una figura central en la política de Uruguay. En sus últimos meses, debilitado por la enfermedad, mantuvo su presencia activa al recibir a varios presidentes, exmandatarios, periodistas y artistas. Asimismo, participó en actos políticos y en la asunción del nuevo parlamento y presidente del país.
Según lo revelado por su esposa, Lucía Topolansky, el expresidente murió en su granja de Rincón del Cerro, a las afueras de Montevideo. El domingo, día de las elecciones departamentales en Uruguay, no había podido ir a votar. “Está en una meseta, está a término”, dijo a Radio Sarandí su pareja de hace más de 40 años.
José Mujica, conocido por su vida austera y valores democráticos, nació en 1935 en una familia modesta de Montevideo y, desde temprana edad, se sintió atraído por las ideologías de izquierda. En la década de 1960, se unió al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), un grupo guerrillero que luchaba contra la dictadura militar de esa época. Conocido por su férrea determinación, se convirtió en uno de los líderes más destacados del movimiento, que adoptó tácticas como secuestros y asaltos a instituciones del Estado.
En 1972, tras ser capturado por el gobierno, recibió una condena de más de 13 años de prisión. A lo largo de esta condena vivió aislamiento, sufrimiento físico y psicológico. El régimen militar lo mantuvo en condiciones extremas hasta 1985, cuando concluyó la dictadura y fue liberado.
Entonces, comenzó a involucrarse en la política de manera legal, primero como militante del Frente Amplio, coalición de izquierda que se había fortalecido durante los años de dictadura. Mujica se dedicó a la reconstrucción de la democracia en Uruguay y, a lo largo de los años, su figura se fue consolidando como un líder respetado por su autenticidad, humildad y firmeza en sus ideales. En 1994, fue elegido diputado, lo que marcó el inicio de su carrera política dentro de las estructuras democráticas.
Su ascenso en el Frente Amplio culminó en 2009, cuando fue elegido presidente de la República de Uruguay. Durante su mandato, de 2010 a 2015, Mujica adoptó una postura de gobierno inclusiva y progresista, centrada en la justicia social, la lucha contra la pobreza y la ampliación de derechos civiles. Uno de los logros más destacados de su presidencia fue la legalización del matrimonio igualitario en 2013, posicionando a Uruguay como un líder regional en derechos humanos. Además, implementó una de las leyes más innovadoras a nivel mundial al legalizar la marihuana, con el fin de combatir el narcotráfico y garantizar el control estatal sobre el consumo de la droga.
Mujica se destacó por su estilo de vida simple y su rechazo a los lujos. Vivió en una pequeña chacra, conducía un viejo Volkswagen Beetle y donaba una gran parte de su salario presidencial a organizaciones sociales. Su humildad y su cercanía con la gente le otorgaron un amplio apoyo popular, tanto dentro como fuera del país. Esta actitud lo convirtió en un referente internacional, conocido como “el presidente más pobre del mundo”, aunque, para él, esa etiqueta no era más que una reflexión sobre la desconexión entre los políticos y la realidad de la gente común.
A lo largo de su mandato, Mujica también se destacó por su postura ética en política exterior. Mantuvo relaciones cercanas con gobiernos progresistas de América Latina, al tiempo que promovió un enfoque pragmático hacia otros actores internacionales, incluyendo su relación con Estados Unidos. A nivel nacional, su gobierno promovió políticas de inclusión social, educación y atención a los más necesitados.
Al concluir su mandato en 2015, Mujica decidió no buscar la reelección, cumpliendo con su promesa de no perpetuarse en el poder. Su último día como presidente fue un momento emotivo, marcado por discursos de agradecimiento y reconocimiento a su liderazgo.