
La Copa del Mundo 2026 de fútbol, que se celebrará de forma conjunta en México, Estados Unidos y Canadá, se ha visto envuelta en una fuerte polémica debido al elevado precio de los boletos, lo que ha llevado a muchos aficionados a calificarla como el Mundial más caro de los últimos tiempos.
En distintos países, hinchas y asociaciones de seguidores han expresado su inconformidad con los altos precios de las entradas fijados por la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). Las quejas apuntan a un encarecimiento sin precedentes en comparación con las dos ediciones anteriores del torneo.
De acuerdo con estimaciones de aficionados y analistas, los boletos para el Mundial de Norteamérica presentan incrementos que oscilan entre el 100% y el 800%, dependiendo de la fase del torneo y la categoría del asiento, reportó El País.
Los boletos se dividen en cuatro categorías, siendo la número uno la de mayor visibilidad. Los precios de esta categoría han registrado un aumento promedio del 180% respecto al Mundial anterior, un contraste notable frente al incremento del 19% registrado entre Rusia 2018 y Qatar 2022.
En el sorteo actual, que estará abierto del 11 de diciembre al 13 de enero, bajo un sistema de solicitudes con precios fijos para quienes participen en la selección aleatoria, los precios han sorprendido.
Por ejemplo, el boleto más económico para el partido inaugural de México contra Sudáfrica en la fase de grupos supera los mil dólares. Por cualquier otro juego de esa primera etapa, un aficionado mexicano deberá pagar poco más de 260 dólares.
En el caso del equipo estadounidense, el primer partido contra Paraguay supera los 1.100 dólares y cualquier otro encuentro de la fase de grupos cuesta poco más de 260 dólares.
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La FIFA ha defendido su política tarifaria, incluso después de recibir críticas de aficionados ingleses que calificaron de “asombrosos” los precios y advirtieron que podrían aumentar aún más con la demanda.
Parte de la controversia se originó tras la implementación de un modelo de precios dinámicos, en el que los costos varían en tiempo real según la oferta y la demanda, similar al utilizado por aerolíneas y cadenas hoteleras. Ante la presión de asociaciones de aficionados, la FIFA informó que se abstendrá de aplicar este modelo a una pequeña cantidad de entradas.
En medio de toda la polémica, lo cierto es que, por primera vez, los encuentros de la fase de grupos no tendrán un costo fijo, ya que el precio de cada partido variará en función de la demanda. De esta manera, aficionados de distintos países podrían pagar tarifas diferentes por partidos correspondientes a la misma etapa del torneo.

