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El régimen cubano acepta la ayuda de EEUU pero exige controlarla: nueve millones de dólares con condiciones

Aseguran que Cuba no pone reparos a recibir la ayuda, solo quiere controlar cómo se reparte
Viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossio
Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, aclaró que aún esperan un paquete valorado en seis millones de dólares procedentes de Estados Unidos para ayudar a los afectados del huracán Melissa. (Foto © Periódico Cubano)

El vicecanciller cubano Carlos Fernández de Cossío publicó este miércoles en Facebook que Cuba no ha puesto reparos a recibir ayuda de Estados Unidos. La aclaración llega meses después de que el mismo funcionario calificara públicamente esa misma ayuda de “hipócrita” y la describiera como “sopa y latas para unos pocos”.

El régimen cubano acepta la ayuda de EEUU pero exige controlarla. Esa es la síntesis de una historia que lleva meses desarrollándose entre gestos de orgullo herido y necesidad real.

Según el propio Fernández de Cossío, de los tres millones de dólares prometidos por Washington en octubre de 2025 para los damnificados del huracán Melissa, han llegado a la isla paquetes de alimentos y artículos de aseo valorados en 2,5 millones.

El resto, indicó, se completará pronto. A ese primer tramo se suma un segundo paquete de seis millones de dólares, anunciado por el Departamento de Estado en febrero de 2026. En total, nueve millones de dólares en ayuda humanitaria estadounidense con destino a Cuba.

El vicecanciller aclaró que nadie en Cuba se opone a recibirla. Pero añadió la condición que el régimen lleva meses repitiendo: debe haber “coordinación con las autoridades nacionales, respeto a las leyes del país, sin politización y atendiendo a los más necesitados”.

El mismo gobierno que rechazó la ayuda ahora la explica

La cronología de este asunto merece atención. Cuando Washington anunció los primeros tres millones en noviembre de 2025, la reacción inicial del Ministerio de Relaciones Exteriores fue de desconfianza.

Fernández de Cossío declaró entonces que Cuba solo conocía “declaraciones públicas” y que eso no equivalía a una oferta formal. Otro funcionario, el embajador Juan Antonio Fernández Palacios, rechazó directamente recibir “limosnas ni condicionamientos”.

Cuando en febrero de 2026 se anunció el segundo paquete de seis millones, el mismo Fernández de Cossío calificó la medida de hipócrita en redes sociales. Dijo que era contradictorio “aplicar medidas coercitivas draconianas que niegan condiciones económicas básicas a millones de personas y luego anunciar sopa y latas para unos pocos”.

Hoy, ese mismo funcionario informa con detalle cuánto ha llegado, cuánto falta y cómo se está coordinando la distribución.

La condición que lo cambia todo

Washington diseñó este canal de ayuda específicamente para evitar que pasara por manos del régimen. La distribución fue encargada a la Iglesia Católica, Cáritas Cuba y Catholic Relief Services.

Personal de la Embajada estadounidense supervisaría el proceso para garantizar que los suministros llegaran directamente a la población. El objetivo declarado fue explícito: la ayuda está dirigida al pueblo cubano, no al régimen.

Y la dictadura aceptó. Pero impuso su condición de siempre: coordinación con las autoridades nacionales. Es decir, supervisión estatal sobre una ayuda diseñada para eludir precisamente ese control.

En emergencias anteriores, la distribución de ayuda internacional en Cuba ha estado marcada por la opacidad, el desvío de recursos y la ausencia de rendición de cuentas.

Los donativos han llegado filtrados a través de estructuras estatales y del Partido Comunista, sin alcanzar directamente a las comunidades golpeadas. No hay razón documental para suponer que esta vez será diferente si el Estado mantiene el control del proceso.

Un país que necesita ayuda y no puede admitirlo

El huracán Melissa golpeó las provincias de Guantánamo, Granma, Holguín y Santiago de Cuba en octubre de 2025. Meses después, comunidades enteras siguen sin recuperarse. La crisis energética, la escasez de alimentos y el colapso de infraestructuras complican cualquier proceso de reconstrucción.

Ante esa realidad, el régimen cubano ha recibido ayuda de Italia, México, Colombia, la Unión Europea y ahora procesa nueve millones de dólares de EEUU. El mismo gobierno que durante décadas proclamó su independencia y soberanía frente al imperialismo yanqui lleva meses coordinando con Washington la distribución de paquetes de arroz y frijoles para sus ciudadanos.

La contradicción no necesita subrayarse. El vicecanciller la explicó sin querer en su propio comunicado: Cuba no pone reparos a recibir la ayuda, solo quiere controlar cómo se reparte.

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