
Miles de personas salieron en más de 50 ciudades de México, entre ellas la capital del país, para protestar contra la inseguridad, la corrupción y la estrategia de seguridad de la presidenta izquierdista Claudia Sheinbaum Pardo.
En la Ciudad de México se registró la movilización más numerosa convocada por jóvenes de la Generación Z frente al Palacio Nacional, sede del poder ejecutivo mexicano.
El contingente expresó una frustración acumulada por años de violencia y crimen organizado. Para muchos asistentes, los asesinatos, la extorsión y la corrupción siguen marcando la vida cotidiana, pese a las promesas de Sheinbaum Pardo de debilitar a los cárteles y frenar los homicidios.
“Estoy cansado, triste de la situación que se vive hoy en el país”, dijo Rodrigo Santana, actor y cantante de 21 años. “El objetivo de esta marcha es destituir a la presidenta. Y hacer ver que estamos enojados, que el pueblo no está con ella”, dijo el joven al ser entrevistado por Infobae.
Encapuchados derribaron tramos del vallado metálico que protegía los edificios, golpearon a policías con martillos, cadenas y artefactos explosivos caseros, y arrebataron escudos y radios a los agentes.
La policía respondió con gas lacrimógeno mientras intentaba contener a los manifestantes más radicalizados. Al cierre de la jornada, 20 personas fueron puestas a disposición de la fiscalía por delitos como robo y agresión, y otras 20 por faltas administrativas.
De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Ciudadana, al menos 60 agentes sufrieron heridas leves y 40 fueron trasladados a hospitales con contusiones y cortes.
Las escenas se viralizaron en redes sociales y reforzaron la percepción de una escalada de tensión entre sectores inconformes y el gobierno federal. Mientras tanto, la presidenta mantiene altos niveles de popularidad, según las encuestas, y enfrenta a partidos opositores que decidieron romper su alianza tras la última elección.
El descontento está alimentado por episodios recientes de violencia extrema. Este mes fue asesinado Carlos Manzo, un alcalde de Michoacán conocido por sus críticas abiertas a la estrategia de seguridad oficial y por exigir acciones más duras contra los cárteles.
Muchos manifestantes portaban pancartas con mensajes como “Todos somos Carlos Manzo” o sombreros vaqueros en homenaje al edil. Una gran manta, colocada cerca del Ángel de la Independencia, lo llamaba “nuestro Bukele mexicano” y lo describía como un “héroe nacional”.
Roberto Navarro, agricultor de 64 años, originario de Jalisco, aseguró que viajó a la capital para honrar a Manzo, a quien veía como uno de los pocos políticos dispuestos a enfrentarse a los grupos criminales.
Recordó que muchos productores del campo se ven obligados a pagar extorsiones para poder trabajar. Aseguró que solo Estados Unidos podría “mermar el control de los cárteles” y pidió una eventual intervención extranjera. “¿Qué podemos hacer nosotros como ciudadanos? Pedir la intervención, que es la única solución”, afirmó.
Sheinbaum Pardo ha rechazado de forma tajante esa posibilidad. Ha reiterado que, aunque su gobierno colabora con Washington en intercambio de inteligencia, cualquier operación militar extranjera en territorio mexicano violaría la soberanía nacional.
En mayo pasado, descartó públicamente la asistencia directa de tropas estadounidenses, insistiendo en que la seguridad interna es responsabilidad exclusiva del Estado mexicano.
Desde el oficialismo, las protestas fueron presentadas como parte de una campaña “inorgánica, pagada” por la oposición. Una exposición del gobierno señaló que su promoción en internet habría sido impulsada por figuras vinculadas a partidos rivales y por cuentas recién creadas en redes sociales, con un costo estimado de casi cinco millones de dólares.
Las autoridades mantuvieron la narrativa de que se trató de una movilización manipulada, mientras en las calles los manifestantes insistían en que su presencia respondía a agravios reales: inseguridad, falta de oportunidades y desconfianza en las instituciones.
Buena parte de la organización se canalizó a través de la aplicación Discord, muy utilizada por jóvenes. Ahí se discutieron rutas, consignas e incluso posibles intentos de irrumpir en el Palacio Nacional, aunque los objetivos concretos nunca quedaron del todo claros.

