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Entre la abundancia recreada y la escasez: memorias de rodajes sobre Cuba

Al final, más allá del trabajo técnico o artístico, queda una reflexión inevitable
Rodajes en Cuba Lilo Vilaplana
Cuando recrear el pasado exige construir una ilusión de abundancia y representar el presente implica fabricar la escasez con esfuerzo, la pregunta surge sola: ¿qué Cuba era mejor? (Foto © Cortesía de Lilo Vilaplana)

A inicios de los años noventa, Cuba entraba en el Período Especial: escasez, incertidumbre y supervivencia. En ese contexto llegué a la televisión, y uno de mis primeros trabajos fue como director asistente en Los Papaloteros, una serie ambientada a finales de los años cincuenta.

Fue allí donde comenzó una experiencia que, vista en retrospectiva, revela mucho más que un simple proceso creativo.

Para recrear aquella Cuba había que fabricar abundancia en medio de la nada: pintar cuadras enteras, llenar bodegas vacías, inventar productos inexistentes, vestir bien a la gente, iluminar la pobreza. Todo era un acto de simulación. Lo más duro no era producirlo, sino ver a la gente mirar aquellos alimentos como quien observa algo perdido para siempre.

Años después, fuera de Cuba, dirigiendo obras sobre el país —cortometrajes como La Muerte del Gato, La Casa Vacía o la película El Caballo—, el proceso fue el inverso: para contar la Cuba actual, la real, la posterior a 1959, había que destruirlo todo.

Ya fuera en Colombia o en Miami, estábamos obligados a ensuciar, romper, empobrecer; a buscar, con dificultad, objetos que solo existen en esa realidad. La escasez y el deterioro debían reconstruirse con una precisión casi documental. Construir la miseria también requería esfuerzo.

Ese contraste —embellecer la escasez para representar el pasado y empobrecer los espacios para retratar el presente— dice más que cualquier discurso. Es una evidencia palpable de dos realidades que conviven en la memoria y en la experiencia.

Al final, más allá del trabajo técnico o artístico, queda una reflexión inevitable. Cuando recrear el pasado exige construir una ilusión de abundancia y representar el presente implica fabricar la escasez con esfuerzo, la pregunta surge sola: ¿qué Cuba era mejor?

No hace falta responderla explícitamente. Basta con recordar el proceso. Y no necesita explicación.

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