
Niños y adolescentes con Trastorno del Espectro Autista y discapacidad intelectual severa en Holguín llevan más de un año sin recibir regularmente los alimentos contemplados en su dieta médica oficial.
La denuncia la hizo pública Ernesto Almaguer Díaz, padre de uno de estos niños, en una carta abierta dirigida al Gobierno Provincial, el PCC y la Dirección de Trabajo y Seguridad Social de esa provincia cubana.
Sin alimentos desde hace más de un año
Pollo, pescado de mar, arroz y viandas. Esos son los productos que el Sistema Nacional de Salud cubano garantiza, bajo la nomenclatura de dieta tipo 40-ES, a los niños diagnosticados con autismo y discapacidad intelectual severa.
En teoría, porque en la práctica, según denuncian las familias afectadas en Holguín, hace más de un año que esos alimentos no llegan con regularidad, o simplemente no llegan.
Solo hay picadillo de tenca para los niños cubanos
Lo que sí aparece en ocasiones es picadillo de tenca, un derivado de pescado de agua dulce que estos niños rechazan por su sabor característico.
El problema no es capricho: la selectividad alimentaria es una condición frecuente en el espectro autista, y muchos de estos menores tienen una tolerancia extremadamente limitada a sabores y texturas que se salgan de su rango habitual.
Darles un producto que no pueden comer, en la práctica, equivale a no darles nada. Almaguer Díaz lo dice sin rodeos en su carta: “Sepan ustedes, dirigentes, que hay niños y adultos con discapacidad intelectual que en estos momentos están pasando hambre y se sienten desprotegidos por ustedes”.
El “bloqueo” como escudo
Ante las quejas sostenidas de las familias, las autoridades provinciales han justificado la ausencia de pollo y pescado de mar apuntando al embargo estadounidense.
Es la respuesta oficial, pero los padres no la aceptan: Cuba es una isla, señalan, rodeada de mar en todas sus costas, y la escasez de pescado marino difícilmente puede atribuirse por completo a restricciones comerciales externas.
El argumento, repetido durante meses sin que la situación mejore, ha dejado de ser una explicación para convertirse en una fuente adicional de frustración.
Tampoco hay transporte
La precariedad no se limita al plato. La Asociación Cubana de Personas con Discapacidad Intelectual, ACPDI, que agrupa a estas familias, opera en Holguín sin local propio desde hace más de un año. Sus representantes se reúnen en parques y bajo árboles porque ninguna autoridad ha gestionado una sede.
Además, los familiares que deben trasladarse entre municipios o provincias para atender a sus hijos no cuentan con los beneficios de transporte que el Estado sí reconoce a otras asociaciones de discapacidad como ANSOC, ACLIFIM o ANCI. Cada gestión se traduce en un gasto que muchas familias no pueden asumir.
Respuestas que no resuelven nada
Frente a meses de reclamos, la respuesta institucional ha seguido un patrón constante: escuchar, anotar y prometer elevar los planteamientos. Ninguna solución concreta ha llegado.
Almaguer Díaz resume ese ciclo con dureza: “Ya basta de silencio, de desidia y abandono, ya basta de reuniones que no resuelven nada”. En su opinión, la ACPDI funciona más como escaparate que como organismo real de defensa, sin capacidad ni voluntad de resolver los problemas cotidianos de sus asociados.
Una salida posible: involucrar al sector privado
Lejos de limitarse a enumerar fallas, el denunciante pone sobre la mesa una propuesta: que el Gobierno Provincial incorpore a las MIPYMES privadas en el suministro de alimentos para dietas especiales y comedores sociales, ofreciéndoles a cambio exenciones fiscales.
“Es inevitable no involucrar el sector privado en la atención a las dietas o alimentación de personas vulnerables cuando se ha demostrado la incapacidad estatal y local de resolver la hambruna y falta de atención”, escribe.
El llamado final es directo, casi físico: “Bájense de sus carros, apaguen el aire acondicionado de sus oficinas y salgan a pie a las calles, para que sientan en sus hombros lo mismo que sentimos los padres y familiares”.