
Un video difundido en Facebook por Samuel Fajardo Marrero muestra a un hombre mordiéndose las uñas mientras observa una lámpara encendida, en La Habana, tras casi cuatro días consecutivos sin apagones, una sátira que refleja la incertidumbre de la población ante la crisis energética en Cuba.
La escena, de apenas 16 segundos, sintetiza un estado emocional extendido. Lejos de generar tranquilidad, la estabilidad temporal del servicio eléctrico ha despertado sospechas entre los residentes de la capital, acostumbrados a cortes diarios. La percepción general es que el alivio no responde a una solución estructural, sino a una pausa breve.
En redes sociales, el escepticismo se impone. “A prepararse para la semana que viene, esto está raro raro”, comentó un usuario. Otra persona ironizó: “¡La Unión Eléctrica y su varita mágica!”. Un tercer mensaje resumió el sentir fuera de La Habana: “Aquí todo sigue igual”, en alusión a provincias donde los apagones persisten sin cambios.
Datos oficiales explican el contexto. La reducción de los cortes en la capital coincide con la llegada de un cargamento de combustible ruso el 17 de abril, tras varios meses sin importaciones de crudo.
Esa entrega permitió disminuir el déficit de generación, que pasó de 1.945 megavatios a inicios de mes a 1.012 megavatios el día 21, la cifra más baja registrada desde noviembre de 2025.
Sin embargo, el propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció el carácter temporal de la mejora: “Solo con este barco tenemos hasta el fin de este mes”.
El gobierno asegura que para 2050 ya no habrá más apagones
Especialistas advierten que la inestabilidad eléctrica ha dejado huellas más allá del ámbito doméstico. La psicóloga social Yadira Albet señaló que la incertidumbre sostenida provoca “angustia, estrés y hasta depresión crónica”.
Por su parte, la socióloga Elaine Acosta describió el fenómeno como una “epidemia de salud mental”, vinculada también a la escasez de alimentos y la falta de acceso a servicios básicos.
En paralelo, el Gobierno presentó una nueva estrategia energética durante el programa Mesa Redonda. El plan plantea eliminar los apagones para 2050 mediante una transición hacia fuentes renovables. La propuesta fija metas intermedias: 24% de generación limpia en 2030 y 40% en 2035, con el objetivo final de alcanzar el 100% en dos décadas y media.
La iniciativa incluye el impulso de tecnologías como la energía solar, eólica y la biomasa forestal. No obstante, críticos advierten sobre los desafíos de financiamiento, la dependencia de importaciones —como paneles solares— y el impacto ambiental de ciertas prácticas.
Las reacciones ciudadanas reflejan poca confianza. Algunos usuarios compararon el anuncio con bromas del Día de los Inocentes. Otros señalaron que difícilmente verán resultados: “Para entonces ya tendré 100 años”, escribió un internauta. En un país marcado por la emigración de jóvenes y el envejecimiento demográfico, muchos dudan de la viabilidad del plan.