
El activista cubano Eduardo Arocena falleció ayer miércoles en su casa en Miami a la edad de 81 años. Este exiliado fue conocido por ser fundador del grupo paramilitar Omega 7 y liderar intentos de lucha armada contra el régimen castrista.
Según informes de Martí Noticias, su muerte se produjo por causas naturales, tras una vida marcada por la controversia, la lucha política y su compromiso por ser un opositor al sistema comunista en la Isla.
Nacido en Caibarién, Villa Clara, en 1944, el activista emigró a Estados Unidos en 1965, en medio de la creciente represión de Castro y la persecución a los opositores. Su agrupación nació integrada por excombatientes de la brigada que en 1961 ingresaron a Cuba durante la fallida invasión por Bahía de Cochinos.
El grupo fue responsable de más de 30 acciones violentas en ciudades como Nueva York, Nueva Jersey y Miami, que incluyeron tiroteos y atentados contra diplomáticos cubanos y sus simpatizantes.
Las acciones de Omega 7 fueron vistas por el fallecido dictador Fidel Castro como un acto de terrorismo. Entre las acciones más sonadas del grupo destacaron atentados contra el Centro Lincoln de Artes Escénicas y las misiones diplomáticas de Cuba y la ex Unión Soviética en la ONU.
En 1983, agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) detuvieron a Arocena y lo acusaron formalmente de 42 violaciones a leyes federales. Los cargos incluían conspiración, uso de explosivos y armas de fuego, así como la destrucción de propiedades pertenecientes a gobiernos extranjeros en territorio estadounidense y de bienes vinculados al comercio interestatal e internacional.
Un año más tarde, en 1984, la justicia lo sentenció a cumplir dos cadenas perpetuas. La condena se sustentó en su responsabilidad en diversos atentados cometidos entre 1975 y 1983, entre ellos el asesinato de un diplomático cubano en la década de 1980, agregado de la misión del régimen de La Habana ante la ONU.
A pesar de la controversia que siempre rodeó su figura, varios sectores del exilio cubano buscaron su liberación en los años posteriores. En 2008, un grupo de exiliados cubanos en Miami comenzó una campaña para que el presidente George W. Bush le concediera el perdón.
En 2016, activistas cubanos viajaron a Washington D. C. para entregar una carta al Departamento de Estado solicitando el perdón presidencial bajo la administración de Barack Obama. Finalmente, fue excarcelado en 2021, a los 77 años, tras una “liberación compasiva”, como explicó su hija, Lorna Arocena.
“Fui a buscarlo y lo llevé a casa. Hay mucho por hacer, pero quiero agradecer a todas las personas que lo han amado y han orado por él todos estos años”, declaró Lorna Arocena.
Su esposa, Miriam Arocena, quien tuvo un infarto cerebral tras visitarlo en la cárcel en 2017, comentó a América Tevé que Eduardo no podía hablar y también dijo estar sorprendida porque no esperaba la liberación.
Durante su encarcelamiento, sufrió un derrame cerebral que le dejó secuelas, incluida una parálisis parcial del cuerpo, según relató su abogada Genilde Guerra. A pesar de la controversia sobre sus métodos, figuras del exilio cubano han reconocido su compromiso con la lucha contra el régimen comunista.
Pedro Corzo, exprisionero político y director del Instituto de la Memoria Histórica contra el Totalitarismo, destacó su respeto por Arocena, señalando que, a pesar de las polémicas, fue un hombre que nunca olvidó su patria.
Otro más que muere sin ver su sueño realizado de “una Cuba libre y anexada”…