
Este lunes, la familia del escritor Reinaldo García Ramos anunció su fallecimiento en Miami, a los 80 años, tras enfrentar un cáncer que se agravó en los últimos meses. El artista fue uno de los autores más representativos de la Generación del Mariel, junto a Reinaldo Arenas.
Milkos D. Sosa, primo del escritor, comunicó la noticia y detalló que el antillano murió de forma serena a las 3:45 p.m., acompañado por él, el pintor Sergio Chávez y su prima Marianela F. Molina.
En sus últimos momentos, García Ramos pensó en su obra, especialmente en Una amiga en París, publicada este año por Ediciones Furtivas. “Su único deseo era que su legado literario se mantuviera vivo”, concluyó Sosa.
Reinaldo García Ramos, nacido en Cienfuegos en 1944, fue hijo de emigrantes gallegos y canarios. Estudió Lengua y Literatura Francesa en La Habana, donde tuvo como maestros a figuras como Camila Henríquez Ureña y Mirta Aguirre.
Publicó su primer y único poemario en Cuba, Acta, en 1962, bajo el proyecto editorial El Puente, disuelto por el gobierno en 1965.
En 1980, se exilió en Nueva York, tras ser parte del éxodo del Mariel, al que describió como una “decisión intempestiva de un gobernante absolutista”, en referencia a Fidel Castro.
En el exilio, trabajó como traductor en la sede de Naciones Unidas hasta 2001, mientras continuaba su producción literaria.
Entre sus obras más destacadas figuran los poemarios Caverna fiel y Espacio circular, el ensayo Una medida exacta y la autobiografía Cuerpos al borde de una isla.
Su última publicación, Una amiga en París, recoge la correspondencia con Ana María Simo, una de las fundadoras de El Puente, entre 1968 y 1972. Este libro impactó a la comunidad intelectual del exilio, ya que representó, según Enrique del Risco, una “restitución del pasado” en un país con una memoria histórica deteriorada.
García Ramos visitó Cuba en tres ocasiones entre 2002 y 2006, con el fin de ver a su padre en Cienfuegos. Tras esos viajes, describió su impresión de la Isla como de “tristeza total” debido a la desilusión, destrucción y decadencia que percibió.
El escritor destacó que la revista Mariel, a la que contribuyó, ofreció un espacio vital para los exiliados cubanos, enfrentados a un mundo cultural estadounidense que, en su mayoría, simpatizaba con Castro y cerraba sus puertas a quienes se oponían al régimen cubano.