
Florida está a un paso de introducir un cambio que impactará en quienes generalmente hacen sus pagos en efectivo. La legislatura local aprobó el proyecto SB 1074, cuya aplicación podría provocar el fin del uso práctico de la moneda de un centavo.
La iniciativa autoriza redondear las transacciones en efectivo al múltiplo de cinco centavos más cercano. Es decir, si una compra termina en 1 o 2 centavos, se redondearía hacia abajo; si termina en 3 o 4, hacia arriba.
La medida no elimina el centavo como moneda de curso legal, pero sí empuja su desaparición práctica en las cajas registradoras. La propuesta requiere la aprobación del gobernador Ron DeSantis para que se convierta formalmente en una ley.
Detrás del cambio está la decisión federal de suspender la producción del centavo por su alto costo. El Departamento del Tesoro y la Casa de Moneda de Estados Unidos informaron que el gobierno dejó de fabricar nuevos centavos para circulación, aunque las monedas existentes seguirán siendo legales y continuarán recirculando mientras sea posible.

La razón principal es económica: producir un solo centavo llegó a costar 3,69 centavos, muy por encima de su valor facial. La Reserva Federal de Richmond añadió que, solo en 2024, esa producción generó una pérdida de señoreaje de 85,3 millones de dólares.
En la práctica, el cambio afectaría sobre todo a supermercados, tiendas de conveniencia y pequeños comercios donde el efectivo todavía tiene peso. El proyecto también deja claro que el impuesto sobre las ventas seguirá calculándose sobre el precio real del producto antes del redondeo, de modo que la modificación impacta únicamente el monto final entregado o el cambio devuelto al cliente.
Para el sector minorista, la iniciativa busca dar seguridad jurídica y evitar conflictos con consumidores en un escenario de escasez de centavos. NBC Miami recogió declaraciones de Lorena Holley, vicepresidenta de la Florida Retail Federation, quien sostuvo que la medida pretende precisamente ofrecer claridad y reducir disputas legales.
La Reserva Federal de Richmond advirtió que, aunque el redondeo luce neutral en teoría, en la práctica puede generar un pequeño “impuesto por redondeo” si las compras tienden a concentrarse en cifras que suben.
Su estimación es que ese efecto podría costar a los consumidores estadounidenses unos 6 millones de dólares anuales, con un mayor impacto relativo sobre quienes dependen más del efectivo, un grupo donde suelen concentrarse hogares de menores ingresos.
Dicha reserva federal recuerda que otros países ya recorrieron ese camino: Australia retiró sus monedas de 1 y 2 centavos en 1992, y Canadá dejó de producir su penny en 2012. En ambos casos, los pagos en efectivo pasaron a redondearse sin que desaparecieran los precios exactos en transacciones electrónicas.
Si DeSantis firma el SB 1074, Florida se colocará entre los primeros estados en formalizar esa transición en respuesta al fin de la producción del centavo, marcando otro paso hacia una economía donde el efectivo exacto será cada vez menos común.
¿Cuándo se acuñó la moneda de un centavo en Estados Unidos?
La historia de la moneda de un centavo en EEUU se remonta a finales del siglo XVIII y está ligada a la creación del sistema monetario nacional. El punto de partida fue la Ley de la Moneda de 1792, una norma que estableció oficialmente la Casa de Moneda y autorizó la fabricación del centavo como parte de la nueva estructura monetaria del país.

Las primeras acuñaciones oficiales destinadas a la circulación se realizaron en 1793. Esas monedas eran muy distintas a las actuales: estaban hechas de cobre puro y tenían un tamaño y un peso mucho mayores, casi comparables al de una moneda moderna de medio dólar. Esto refleja cómo, en sus inicios, el centavo tenía una presencia física mucho más notable dentro de la economía cotidiana.
Sin embargo, antes de la creación formal de la Casa de Moneda federal ya existía un antecedente importante. En 1787, se emitió el llamado “Fugio Cent”, considerado el primer centavo autorizado por el gobierno bajo los Artículos de la Confederación. Aunque no fue producido por la Casa de Moneda federal, ocupa un lugar clave en la historia monetaria del país. Su diseño suele atribuirse a Benjamin Franklin.

