
Los prolongados cortes de electricidad en Cuba siguen generando reacciones ciudadanas sin precedentes. Uno de los episodios más recientes tuvo lugar en el barrio habanero de Nuevo Vedado, donde cientos de vecinos salieron a sus balcones a protestar golpeando cacerolas en plena oscuridad, a escasas cuadras de la sede del Comité Central del Partido Comunista.
Las imágenes, difundidas por el periodista independiente Magdiel Jorge Castro, muestran edificios convertidos en siluetas negras bajo el cielo nocturno mientras el estruendo metálico resonaba por las calles. “Espero que Díaz-Canel escuche atentamente el ruido de la protesta esta noche”, escribió Castro.
“Milagro que ocurrió en esa zona, que está cundía de militares y chivatones”, comentó un usuario bajo el video. En efecto, el barrio de Nuevo Vedado aloja las residencias familiares de un gran número de militares y altos funcionarios del régimen, por su proximidad al Palacio de la Revolución, principal sede del gobierno cubano ubicada en el Complejo Plaza de la Revolución en La Habana.
El edificio del Palacio alberga la Presidencia de la República, el Consejo de Ministros y el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), y es el núcleo político donde se toman las decisiones del país.
Más de medio país sin electricidad
La protesta coincidió con uno de los peores momentos de la crisis energética: la empresa estatal Unión Eléctrica reportó un déficit cercano a los 1.842 MW durante el horario pico, lo que dejó sin suministro a aproximadamente el 62% del territorio nacional.
El problema no se limita a los apagones. La falta de energía ha colapsado también el sistema de abastecimiento de agua en la capital. Según autoridades del propio gobierno, más de 200.000 habitantes de La Habana perdieron el acceso regular a agua potable, una cifra que representa alrededor del 11% de la población capitalina.
Solo en La Habana se contabilizaron más de 1.600 reportes de cortes eléctricos, con una duración promedio de 24 horas por incidencia. Los municipios de Playa, Regla, Cerro y Centro Habana encabezaron la lista de zonas más afectadas.
El propio presidente Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente que el país carece de combustible para sostener prácticamente cualquier operación básica, señalando la interrupción del suministro petrolero venezolano como factor determinante.
Una ola de protestas que no se detiene desde marzo de 2026
El cacerolazo de Nuevo Vedado no fue un hecho puntual. Este mismo barrio ya había registrado manifestaciones similares el 13 y el 15 de marzo, y apenas una semana después se produjeron protestas directamente frente a la sede del poder político en el Vedado. La cercanía geográfica de estas acciones al centro de decisiones del gobierno les confiere un simbolismo difícil de ignorar.
Desde el 6 de marzo, la ola de cacerolazos se ha extendido por numerosos barrios de la capital (incluyendo Centro Habana, Alamar, El Cerro y La Güinera) y ha alcanzado provincias como Ciego de Ávila. La organización de derechos humanos Cubalex documentó al menos 156 protestas y 47 detenciones solo durante las dos primeras semanas, con un mínimo de 14 personas arrestadas específicamente por participar en cacerolazos.
La respuesta oficial: entre la represión y el discurso político
El gobierno cubano ha respondido combinando medidas represivas con una narrativa de descalificación. Desde el Departamento Ideológico del Comité Central se calificaron las manifestaciones como actos vandálicos, negándoles el carácter de inconformidad legítima. Por su parte, el Ministerio del Interior las describió como provocaciones organizadas desde el exterior.
Sin embargo, para miles de cubanos que llevan semanas sin luz ni agua, las cacerolas representan el único canal de expresión disponible ante una crisis que no muestra señales de mejorar.