
La Iglesia católica de Costa Rica envió 20.000 hostias a Cuba para apoyar la celebración de misas, después de que la falta de harina y los constantes apagones redujeran durante las últimas semanas la capacidad de producirlas en la Isla.
Según las fuentes consultadas por Periódico Cubano, la Conferencia Episcopal costarricense informó sobre la ayuda el 12 de agosto, en medio de una crisis que ya había obligado a buscar respaldo en otros países de la región. El padre Ricardo Cerdas Guntanis, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, confirmó la entrega.
Las formas fueron elaboradas en la Fábrica de Hostias de esa institución, que normalmente abastece a las diócesis y parroquias costarricenses mediante sus establecimientos La Sacristía.
Apagones y falta de harina golpean la producción de hostias en Cuba
La situación responde a problemas que afectan desde hace semanas la fabricación dentro del país. La escasez de materias primas, principalmente harina, se combina con prolongadas interrupciones del servicio eléctrico, lo que dificulta mantener en funcionamiento los equipos utilizados en el proceso.
Las hostias destinadas a las parroquias cubanas son elaboradas por la comunidad de Carmelitas Descalzas del Monasterio de Santa Teresa y San José. La producción comenzó a resultar insuficiente ante la inestabilidad del suministro eléctrico y las dificultades para conseguir los insumos necesarios.
El sacerdote cubano Rolando Montes de Oca explicó en junio que los períodos con electricidad resultaban demasiado breves e inestables para mantener un ritmo normal de fabricación. Ante esa situación, las religiosas tuvieron que reducir la elaboración y racionalizar las cantidades disponibles entre los sacerdotes.
Puerto Rico y Panamá también enviaron ayuda a Cuba
El cargamento procedente de Costa Rica fue recibido en Cuba por el padre José Araya, de la Congregación del Santísimo Redentor. El religioso mantuvo durante años vínculos pastorales con Costa Rica, donde prestó servicio, entre otros lugares, en la provincia de Alajuela.
La asistencia costarricense se suma a otra enviada desde Panamá en junio. La Arquidiócesis panameña aportó 35.000 hostias elaboradas por religiosas del Monasterio de la Visitación para contribuir a mantener las celebraciones eucarísticas en las parroquias cubanas.
Desde Puerto Rico llegó una ayuda considerablemente mayor. La Arquidiócesis de San Juan movilizó unas 300.000 formas como respuesta a las dificultades comunicadas desde Cuba, donde la producción local ya no podía cubrir las necesidades habituales de las comunidades católicas.
Los tres envíos muestran la dependencia temporal de la Iglesia cubana de la solidaridad regional para mantener el abastecimiento. Solo entre Puerto Rico y Panamá fueron remitidas unas 335.000 hostias durante junio, antes de incorporarse las 20.000 procedentes de Costa Rica.
La crisis energética alcanza también a las celebraciones religiosas
La escasez de hostias evidencia cómo los problemas energéticos y de abastecimiento que atraviesa Cuba también repercuten sobre actividades religiosas. La ausencia de electricidad durante períodos prolongados impide operar regularmente la maquinaria necesaria para producirlas.
La falta de harina añade otro obstáculo a una producción que requiere continuidad para atender a parroquias de todo el territorio nacional. La combinación de ambas carencias llevó a reducir las cantidades disponibles y a distribuirlas de manera limitada mientras llegaban los cargamentos del extranjero.
La donación costarricense ofrece un alivio inmediato para las celebraciones católicas, pero las dificultades para fabricar hostias dentro de Cuba continuarán mientras persistan los problemas de materias primas y suministro eléctrico que originaron la escasez y obligaron a recurrir a la ayuda de iglesias de otros países.