
Un empresario tecnológico de Texas, su esposa y sus dos hijos pequeños figuran entre las nueve personas que murieron en el accidente de un jet privado ocurrido el domingo en Greenacres, en el condado de Palm Beach. Ellos estaban a bordo del Learjet 60 que había partido de Austin, Texas, rumbo al aeropuerto de North Eleuthera, en las Bahamas.
Según un post en Facebook, los fallecidos son Adam Robinson, su esposa Helen Sharpn, y sus hijos Emma, de 4 años, y Charlie, de 2, quienes estaban al cuidado de la niñera Anita María Cetina. En la aeronave también se encontraban Rachael Reed y Charmi Ferd.
“La historia de amor de Helen y Adam perdurará para siempre. Su calidez, generosidad y capacidad para hacer que las personas se sintieran bienvenidas marcaron muchas vidas. Su pérdida dejará un profundo vacío en todos aquellos que los amaron y a quienes ellos también amaron”, dice la publicación de Anthony Robinson.
Asimismo, agregó: “Charmi y Rachel estaban llenas de alegría y espíritu aventurero. Amaban a los suyos con intensidad, plenamente y sin reservas. Desde el momento en que se conocieron, se entregaron por completo la una a la otra y a la vida que estaban construyendo juntas. Son profundamente amadas y las extrañaremos sin fin”.
También mencionó: “Anita María cuidaba de Emma y Charlie con ternura y dedicación, y era parte de la familia. Nos dejó un legado de amor incondicional y entrega”.
Anthony agradeció profundamente al personal de emergencias, a los investigadores y a la comunidad del condado de Palm Beach por la atención, así como a todas las personas que nos han hecho llegar su cariño. “Nuestros corazones también están con las familias de los pilotos, que comparten este duelo con nosotros”, dice el post.
Al informar estos datos, el medio TMZ identificó a Adam Robison como empresario tecnológico de 44 años. La tripulación estaba integrada por el piloto Jeff Gregory, de 55 años, y la copiloto Nathalia Gadelha Filgueiras, de 20. Los familiares de la joven habían confirmado su fallecimiento antes de que trascendieran los nuevos datos sobre los pasajeros.
La copiloto creció y estudió en Palm Beach, el mismo condado donde ocurrió el accidente. Su madre, Camila, y su padrastro, Thiago Corteleti, hablaron con The New York Post sobre su trayectoria y la pasión por volar que había convertido en una profesión desde muy joven.
Nathalia obtuvo la licencia de piloto privado a los 17 años, mientras cursaba estudios en la secundaria West Boca Raton. Según sus familiares, consiguió esa autorización antes de obtener el permiso para conducir automóviles. Su nombre había circulado como Nathalia Gadelha y Nathalia Filgueiras en las primeras coberturas sobre la tragedia.
El impacto ocurrió alrededor de las 12:50 p. m., hora local, sobre Military Trail, cerca de Cresthaven y de un centro comercial. El avión cayó de nariz y explotó en una bola de fuego que dejó un cráter en la carretera. Las autoridades cerraron el tramo entre Cresthaven Boulevard y la avenida 10 North.
Investigan si el avión se desintegró durante el vuelo
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) confirmó que la matrícula del Learjet era N722BD. Según los datos divulgados, se trataba de un bimotor de 22 años. Nueve personas a bordo murieron y la causa del accidente continúa bajo investigación.
Tom Chapman, miembro de la NTSB, explicó el lunes que los restos localizados apuntan a que algunos componentes pudieron desprenderse antes del impacto, informó Telemundo 51. El hallazgo plantea una posible desintegración durante el vuelo, pero todavía no permite establecer qué provocó esa pérdida de piezas.
Chapman indicó que algunos fragmentos podrían encontrarse a cierta distancia del punto donde cayó el jet. Los investigadores examinan los restos, los sistemas de la aeronave, los registros de vuelo y las comunicaciones para reconstruir los últimos minutos. También solicitaron que quienes encuentren piezas contacten con la agencia mediante su sitio oficial, NTSB.gov.
Las grabaciones captadas por LiveATC.net muestran que el piloto reportó hielo y turbulencia cuando avanzaba hacia el este a 35.000 pies. “Tenemos hielo claro, ligero, que es manejable, y turbulencia moderada”, comunicó. Después pidió ascender otros 2.000 pies, pero la situación empeoró y declaró una emergencia mientras perdía altitud.
En las transmisiones posteriores alertó sobre un descenso de 10.000 pies por minuto y luego de 20.000, acompañado de exceso de velocidad. “Vamos a estrellarnos contra el suelo”, alcanzó a informar.
La dispersión de escombros obligó a evacuar a cientos de personas de viviendas cercanas, entre ellas residentes de un parque de casas móviles. Los fragmentos se extendieron por una zona de al menos 800 metros. Varios vecinos permanecen en refugios y todavía no existe una fecha prevista para su regreso.
El comisionado del Distrito 3, Joel Flores, señaló que las autoridades trabajaban para garantizar alojamiento seguro a unas 600 personas durante la noche del domingo. No estaba claro si las viviendas habían sufrido daños significativos, aunque algunos residentes relataron que los escombros alcanzaron sus propiedades.