
El mercado habanero de 17 y K, ubicado en el Consejo Popular Rampa, se convirtió en escenario de un operativo de inspección de las autoridades del Gobierno de La Habana. En solo unos minutos un enjambre de inspectores cayó en la zona imponiendo 10 multas, con un total de 173.000 pesos cubanos (CUP) y decomisando cuatro carretillas con frutas, viandas y hortalizas.
La acción fue ejecutada por inspectores de la Dirección Integral de Supervisión y Control (DISC), en colaboración con la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), con el objetivo de frenar la reventa ilegal de productos alimenticios en la capital cubana.
El decomiso incluyó cuatro carretillas repletas de frutas, viandas y hortalizas, como plátanos, tomates, cebollas, guayabas, aguacates y papas, que no contaban con la debida autorización para ser comercializadas.
Según la información oficial del portal oficialista Tribuna de La Habana, los productos incautados, con un total de más de 1.000 libras de alimentos, fueron destinados a diversas instituciones, como las Escuelas Primarias Arturo Montori y Orlando Pantoja, así como al círculo infantil Soldaditos y el Sistema de Atención a la Familia El Rampeño.
Este tipo de controles en los mercados cubanos no son nuevos. El sistema económico cubano, bajo el dominio del Partido Comunista de Cuba (PCC), sigue un modelo centralizado que regula precios y limita márgenes de ganancia.
La Ley de Transformación Empresarial y la Resolución 298/2021 del Ministerio de Finanzas y Precios establecen restricciones sobre los precios de productos básicos como el arroz, el pollo y los huevos, mientras que los márgenes de ganancia se limitan al 30%. Esta regulación, aunque busca evitar la especulación, ha generado un desabastecimiento crónico al desincentivar la producción privada.
La agropecuaria cubana enfrenta un fuerte control estatal, con el 90% de las tierras en usufructo bajo la Ley de Reforma Agraria de 1959. Además, el Acopio estatal compra las cosechas a precios por debajo del mercado y se demora en pagar, lo que frena la producción y resulta en pérdidas anuales de entre un 20% y un 30% debido a ineficiencias logísticas y burocráticas.
El modelo económico cubano, basado en el marxismo-leninismo, ha llevado al estancamiento del Producto Interno Bruto (PIB). A su vez, el turismo ha caído un 23%, y la agricultura cubana solo cubre el 20% de la demanda alimentaria interna. A pesar de los intentos de reformas como la Tarea Ordenamiento (2021), las rigideces ideológicas continúan afectando el desarrollo económico de todos los cubanos.

