
En la pequeña localidad de Guamuta, en el municipio El Cobre, Santiago de Cuba, un joven identificado como Yoel Alejandro Pérez protagonizó un acto de valentía frente al presidente designado Miguel Díaz-Canel.
Según un post en Instagram por parte del periodista Mario Vallejo, el joven trabajador por cuenta propia alzó la voz cuando el mandatario realizaba una visita oficial, como parte de su recorrido en las zonas afectadas por el huracán Melissa en el oriente de la Isla.
En su reclamo, poco común en un país donde la libertad de expresión se encuentra restringida, Yoel Pérez denunció la desatención estatal a las familias afectadas por el paso del ciclón, especialmente en su comunidad.
En su intervención, pidió justicia para las viviendas en ruinas, algunas de ellas completamente destruidas, y criticó la falta de respuesta oficial ante las personas que se han visto obligadas a vivir temporalmente en casas de familiares y amigos.
El momento quedó registrado en un video que fue rápidamente difundido en redes sociales por el artista exiliado Omar Sayut Taquechel, quien mostró al mundo el coraje de Yoel al enfrentar al mandatario.
Tras este acto de valentía, el joven dejó de responder a los mensajes y llamadas, generando preocupación entre familiares y vecinos durante dos días. Aunque muchos temían que pudieran haberle hecho daño, dos días después se confirmó que Yoel se encontraba bien, junto a su esposa, su abuela y su familia.
Las reacciones en redes fueron de elogios por su “decoro” y “valor”, aunque también surgieron advertencias sobre las posibles represalias que podría enfrentar.
El huracán Melissa, con vientos de hasta 200 km/h, ha dejado a su paso más de 90.000 viviendas dañadas y más de 100.000 hectáreas de cultivos destruidas, lo que ha impactado de manera grave a la población cubana.
Las estimaciones de Naciones Unidas (ONU) elevan el número de damnificados a más de 3,5 millones de personas. Ante esta situación, la organización internacional ha puesto en marcha un plan de acción por 74.2 millones de dólares para atender las necesidades básicas de los afectados.
Centenas de los damnificados aún enfrentan la falta de electricidad, servicios médicos y de educación, sumándose a las dificultades económicas previas derivadas de la crisis que atraviesa el país.
Más de 400 centros de salud han sufrido daños que dificultan su funcionamiento adecuado. Por otro lado, más de 1.500 escuelas han sido impactadas por el huracán, dejando a cientos de miles de estudiantes sin acceso a clases.
La situación educativa se agrava por la falta de infraestructura y la necesidad de usar algunas escuelas como refugios temporales. El sector agrícola también ha sufrido grandes pérdidas, con cultivos esenciales como plátano, maíz, yuca y café gravemente dañados, afectando más de 78.700 hectáreas.
El gobierno cubano ha aceptado la ayuda internacional, incluida una donación de tres millones de dólares del gobierno de Estados Unidos, que se distribuirá a través de la Iglesia Católica. Sin embargo, la gestión de esta ayuda ha generado dudas debido a la intención del régimen de supervisar el proceso, lo que ha suscitado sospechas sobre la transparencia en el manejo de los recursos.
Por su parte, el Departamento de Estado de EEUU señaló que los fondos se destinarán a los sectores más afectados por el huracán, enfatizando que la asistencia está destinada directamente al pueblo cubano y no al régimen.