
En el corazón de Alamar, en La Habana, un rincón singular conocido como “la calle de los tarecos” se erige como un testimonio de creatividad y resiliencia. Este espacio, ubicado en Micro X, junto a la avenida que recorre la ruta de guagua 26, es una galería surrealista al aire libre creada por Héctor Pascual Portieles, un cubano conocido popularmente como “El Gallo”.
Desde los años 90, “la calle de los tarecos”, o el “museo de los tarecos” como también se le conoce, ha transformado objetos descartados en arte. Lo que otros consideran chatarra –restos de planchas eléctricas, televisores, máquinas de escribir–, en las manos de El Gallo, se convirtieron en esculturas que formaron parte de su “Jardín de Afectos” en vida. Este universo creativo también incluye frases filosóficas y humorísticas que reflejan la sabiduría popular del autor.
Nacido en 1924 en Campo Florido, Héctor Pascual vivió una vida llena de cambios. Fue barbero en Guanabo y funcionario diplomático durante tres décadas, pero su llegada a Alamar en 1990 marcó un nuevo comienzo.
En medio de la crisis económica conocida como Periodo Especial, Gallo empezó a recopilar objetos para darles un nuevo significado. Cuando las paredes de su hogar no fueron suficiente, extendió sus recuerdos al exterior de su casa y en un perímetro de 80 metros, objetos donados de amigos y vecinos ornamentan la calle. “Llegué a este lugar como un náufrago; detrás de mí había un precipicio, pero delante estaba la esperanza”, expresó el creador en un reporte de IPS.
La obra de este antillano obtuvo numerosos reconocimientos, como la Distinción por la Cultura Nacional, el premio Giraldilla de La Habana (2003) y el Premio del Barrio (1998). Sin embargo, según el propio Gallo, en entrevistas que concedió, su mayor recompensa fue el respeto y el cariño de quienes visitaron su creación. Además de pequeñas figuras y esculturas, el espacio exhibe objetos más grandes, como máquinas de coser, módulos de teléfonos públicos y hasta una motocicleta destartalada.
Tras su fallecimiento en mayo de 2020, la obra de El Gallo sigue viva gracias a su hijo José Gallo y su nieto David Gallo, quienes se han encargado de preservar este legado. Para ellos, mantener “la calle de los tarecos” es una manera de honrar al Hijo Ilustre de Campo Florido y de recordar que el arte puede surgir de cualquier esquina y de cualquier objeto.
Un video reciente del espacio artístico fue compartido en las redes sociales por un creador de contenido cubano. Hasta la publicación llegaron varias personas que recordaron con cariño el museo de los tarecos, pues vivían cerca o transitaban por el lugar. Asimismo, otros espectadores le dieron significados diferentes a lo que veían, hay quien consideró que parecía una zona de guerra.
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