
La principal vulnerabilidad de Estados Unidos ante una eventual intervención militar en Cuba no estaría necesariamente en la distancia desde Florida ni en la capacidad convencional del Ejército cubano, sino en la presencia de la Base Naval de Guantánamo.
Esa instalación estadounidense está ubicada dentro del territorio cubano, en el extremo oriental de la isla. En un escenario de tensión, esa base podría convertirse en el objetivo más inmediato que podría utilizar el régimen castrista para infringir un simbólico y costoso daño para Washington.
De acuerdo con un reciente reporte publicado por Axios, esa preocupación siempre latente se elevó cuando sectores de inteligencia de EEUU descubrieron que Cuba habría adquirido más de 300 drones militares.
Además, explica que mandos cubanos habrían discutido planes para emplearlos contra la base de Guantánamo, buques estadounidenses e incluso Key West, Florida.
“Cuando pensamos en la proximidad de este tipo de tecnologías y en la presencia de diversos actores malintencionados, desde grupos terroristas y cárteles de la droga hasta iraníes y rusos, resulta preocupante”, dijo un funcionario bajo anonimato citado por Axios.
“Se trata de una amenaza creciente”, añadió en referencia a la relevancia estratégica de la Base Naval de Guantánamo.

La propia información oficial del Departamento de Defensa describe la instalación como una plataforma naval avanzada e “irremplazable” en el Caribe.
Está ubicada en el sureste de Cuba, a unas 400 millas aéreas de Miami, y opera en un país con el que Estados Unidos no mantiene relaciones diplomáticas plenas. Su origen se remonta al arrendamiento de 1903 y al tratado de 1934, que exige el consentimiento de ambos gobiernos o el abandono estadounidense para terminar el acuerdo.
El riesgo humano tampoco es menor. Datos públicos del sistema Military OneSource indican que la Base Naval de Guantánamo sirve a unas 6.000 o 6.100 personas, entre personal de los servicios armados, civiles del Departamento de Defensa, familiares y contratistas.
No todos son militares de combate, pero todos quedarían bajo presión si la instalación fuera atacada o cercada durante una acción bélica en Cuba.
En términos militares, Guantánamo representa una paradoja. Es una ventaja logística para EEUU porque ofrece presencia directa en el Caribe y capacidad de operaciones conjuntas.
Pero, al mismo tiempo, es una posición fija, rodeada por territorio hostil y sometida a vigilancia permanente del régimen cubano.
En una operación limitada, como una captura selectiva de altos mandos del castrismo, La Habana podría intentar responder de forma asimétrica contra ese punto vulnerable, buscando provocar bajas, presión política interna en Washington y una escalada difícil de controlar.
La amenaza de drones cambia el cálculo. Aunque Cuba no posea una fuerza aérea comparable con la estadounidense, los drones permiten a regímenes débiles compensar parte de esa desventaja.
Otro elemento sensible es el perímetro terrestre. Históricamente, la zona de separación alrededor de Guantánamo estuvo minada. Archivos del Departamento de Defensa señalan que unas 50.000 minas fueron colocadas desde 1961 en el área de amortiguamiento y que las minas del lado estadounidense comenzaron a ser retiradas por orden presidencial de 1996, sustituidas por sensores de movimiento y sonido.
Los vuelos recientes de vigilancia también apuntan a una evaluación seria del escenario. CNN informó que los vuelos de reconocimiento estadounidenses frente a Cuba aumentaron desde febrero.

