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La impactante experiencia de un noruego que trabajó de taxista en Cuba

La experiencia le permitió observar desde dentro la economía informal y las complejidades sociales que marcan el día a día de los habitantes de la isla
La impactante experiencia de un noruego que trabajó de taxista en Cuba
“Hay una desesperación salvaje (…) Hay una incertidumbre total de lo que va a pasar”. (Captura de pantalla © Hypermedia – YouTube)

El antropólogo noruego Ståle Wig llegó a Cuba en 2014 casi por azar, pero esa visita no solo marcó un giro en su carrera académica, sino también en su visión de la isla caribeña.

En una extensa para Hypermedia confesó que su llegada coincidió con el histórico restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, lo que generó grandes expectativas dentro y fuera del país.

Sin embargo, para Wig, ese primer encuentro con La Habana se transformó en un choque cultural que rápidamente desbordó las ilusiones iniciales, dejándole una visión más cruda de la realidad cubana, marcada por la escasez, la represión y una eterna sensación de desesperanza.

De académico a taxista: un estudio en el corazón de La Habana

El primer objetivo de Wig era realizar un estudio antropológico en Sudáfrica, pero al experimentar la vida en Cuba, decidió cambiar de rumbo. Regresó a Oslo para solicitar a su universidad un cambio en su proyecto, y en lugar de viajar a África, regresó a La Habana para estudiar las reformas económicas en la isla.

Sin embargo, para poder acercarse a la vida cotidiana de los cubanos, Wig optó por un método poco convencional: compró un coche y comenzó a trabajar como taxista colectivo.

Esta experiencia no solo le permitió involucrarse más en la vida cubana, sino también observar desde dentro la economía informal y las complejidades sociales que marcan el día a día de los habitantes de la isla.

La experiencia de Wig en Cuba estuvo marcada por la desilusión. Al principio, llegó buscando transformaciones sociales y un país en proceso de cambio.

Pero pronto se dio cuenta de que lo que esperaba estaba congelado. Para ilustrar esta paradoja, Wig usa la imagen del aeropuerto José Martí: mientras los turistas llegaban con la esperanza de encontrar una Cuba en transformación, millones de cubanos salían del país, convencidos de que el futuro no estaba en la isla, sino en otro lugar.

Después de las protestas del 11 de julio de 2021, Wig afirmó que “se apagó la luz” en Cuba. La represión desatada tras esas manifestaciones, que incluyó más de mil presos políticos, sumada a los apagones masivos y la creciente emigración, llevó a Wig a concluir que la esperanza había desaparecido.

El país se encontraba en un estado de desesperación sin precedentes, y la represión del régimen solo había exacerbado el sentimiento de incertidumbre.

Durante su estadía en Cuba, Wig no estuvo exento de la vigilancia del régimen. Vivió episodios inquietantes, como llamadas telefónicas intervenidas, visitas inesperadas de la policía y constantes interrogatorios.

Para Wig, vivir bajo un sistema autoritario generaba una sensación constante de paranoia, cuestionando incluso en quién se podía confiar. Este tipo de experiencias fueron parte fundamental de su investigación y su reflexión sobre la vida en un Estado represivo.

A pesar de contar con privilegios debido a su pasaporte noruego y su salario de la Universidad de Oslo, Wig compartió las penurias cotidianas de los cubanos: apagones, falta de alimentos básicos, basura en las calles y un transporte ineficaz.

Su experiencia le permitió acercarse al “dolor cubano”, pero también a la resiliencia, creatividad e ingenio del pueblo, que se las arreglaba para sobrevivir a pesar de las dificultades.

Catalina y la doble moral cubana

Uno de los personajes clave en la vida de Wig fue Catalina, una militante comunista que, al mismo tiempo, operaba en el mercado informal. Para Wig, Catalina era un ejemplo de la contradicción que se vive en Cuba: su lealtad pública al régimen y su vida privada, marcada por negocios clandestinos y la necesidad de adaptarse para sobrevivir.

Catalina decía amar a Fidel Castro, pero a su vez, reconocía los problemas que enfrentaba el país. Esta dualidad, según Wig, es una de las características que define a la sociedad cubana, donde la necesidad de fingir se convierte en una herramienta de supervivencia.

Linette y Norges: historias de resistencia y cambio

Wig también relató la historia de Linette, una santiaguera que había huido de una relación abusiva en Rusia y se reinventó en La Habana con un negocio de Airbnb.

También destacó la historia de Norges Rodríguez, un joven periodista que vio en la apertura diplomática entre Cuba y Estados Unidos una oportunidad para hablar sobre derechos humanos y libertad de prensa.

Sin embargo, su activismo lo enfrentó al régimen, y terminó siendo perseguido, exiliado y amenazado con 20 años de cárcel. La historia de Norges, según Wig, refleja cómo la promesa de apertura chocó con la dura realidad de la dictadura cubana.

La crisis más grave de la historia moderna de Cuba

Según Wig, la Cuba de 2026 está viviendo la crisis más grave de su historia moderna. La falta de recursos y la escasez en todos los niveles, desde la atención médica hasta la educación, son solo algunos de los síntomas de un sistema que ha perdido la legitimidad ante su pueblo.

La crisis económica, política y social es más profunda que nunca, y el régimen parece estar completamente desconectado de las necesidades reales de los cubanos. “Hay una desesperación salvaje (…) Hay una incertidumbre total de lo que va a pasar”.

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