
En Miami, el cantante cubano Lenier Mesa presentó un espectáculo que generó comparaciones con el cierre de la residencia ‘Una Más’ de Bad Bunny en Puerto Rico. El evento de Mesa, realizado en un restaurante de la ciudad, incluyó la instalación de una pequeña estructura que simulaba una casa de campo, inspirada, según se dijo, en la vivienda del fallecido trovador Polo Montañez.
Entre los asistentes se encontraba el Divo de Placetas, lo que dio al show un matiz de reunión entre figuras del ámbito artístico cubano en el exilio. La propuesta de Lenier coincidió con la resonancia internacional del cierre de la residencia de Bad Bunny en el Coliseo de San Juan, donde durante tres meses ofreció 31 funciones con entradas agotadas.
El artista puertorriqueño reunió a más de medio millón de espectadores, recaudó 379 millones de dólares para la economía local y logró transmitir su espectáculo en directo por Amazon a nivel global. La llamada “Casita de Bad Bunny”, símbolo de su escenografía, se convirtió en un referente cultural, al punto de atraer a celebridades como LeBron James, Penélope Cruz y Austin Butler.
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El contraste entre ambas propuestas resulta evidente. Mientras Bad Bunny consolidó un proyecto que posicionó la música urbana de Puerto Rico en la escena internacional y convirtió su residencia en un fenómeno económico y mediático, Lenier apostó por un formato íntimo, dirigido a la diáspora cubana en Miami, sin mayor proyección fuera del espacio en que se realizó.
La recreación de la casita de campo, recurso que Bad Bunny utilizó como eje narrativo de su show, fue reinterpretada por el cubano como un homenaje a la tradición campesina, en un intento de enlazar la memoria cultural de Polo Montañez con el presente musical.
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El espectáculo del intérprete de Debí tirar más fotos, además, trascendió lo artístico. En alianza con Amazon, el cantante amplió el impacto de ‘Una Más’. La compañía anunció proyectos de inversión en educación y economía local, lo que convirtió el espectáculo en un vehículo de promoción cultural y en una plataforma de desarrollo.
Lenier, por su parte, parece haber buscado conectar con la nostalgia de los cubanos residentes en Miami. La presencia del Divo de Placetas reforzó el carácter simbólico del encuentro, más cercano al reencuentro comunitario que al despliegue de un gran montaje.
Aunque el formato de su show dista de la magnitud del proyecto de Bad Bunny, el gesto de recrear una casita dentro de un restaurante remite a la necesidad de los artistas cubanos en el exterior de mantener vivo el vínculo con las raíces de la Isla.
En definitiva, los dos espectáculos reflejan diferentes formas de entender la música como puente cultural. Bad Bunny utilizó el escenario para reafirmar la identidad boricua ante el mundo, mientras Lenier apeló a la intimidad de la diáspora, recordando que la cultura cubana, aún fuera del país, busca espacios para reconstruir su memoria y afirmar su pertenencia.

