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PERIÓDICO CUBANO

Camagüey recuerda el huracán que borró del mapa a Santa Cruz en 1932

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Camagüey recuerda el huracán que borró del mapa a Santa Cruz en 1932

El ciclón no duró más de dos horas pero destruyó 575 viviendas y provocó la muerte de 3.500 personas

Monumento que recuerda la tragedia en el pueblo. Foto_ Radio Santa Cruz

Monumento a las víctimas del huracán de 1932 (Fotos: Adelante)

La noche del domingo, la tormenta tropical Laura, con vientos máximos sostenidos de 100 kilómetros por hora, tocó suelo cubano en la provincia de Santiago de Cuba, informó el portal Cubadebate.

Cerca de las 3:00 a.m (hora local), el sistema se encontraba a unos 35 kilómetros al suroeste de Santa Cruz del Sur, provincia de Camagüey. Como consecuencia del fenómeno, un clima hostil, con nublados e intensas lluvias, azotó al oriental municipio. No obstante, se espera una mejoría una vez Laura siga su curso por los mares del sur del país.

Esta, sin embargo, no es la primera vez que los santacruceños son víctimas de un fenómeno atmosférico. Muchos de sus historiadores podrán coincidir en que Laura no le pisa los talones al huracán que en 1932 borró del mapa el poblado de Santa Cruz del Sur.

9 de noviembre de 1932

El poderoso sistema fue el más peligroso y uno de los más intensos ciclones tropicales en la historia de Cuba. También se le recuerda como el único huracán de categoría 5 registrado en el Atlántico en el mes de noviembre.

En aquel entonces, las opiniones de los meteorólogos estaban divididas con trayectorias que diferían entre sí. El Observatorio Nacional, por su parte, alertó a la provincia de Camagüey de la existencia de un peligro atmosférico, pero en la aduana del puerto se siguió trabajando como en cualquier otro día. A la par, como el tiempo estaba en calma, muchos residentes no tomaron conciencia de la magnitud de lo que se acercaba.

El huracán tocó tierra en Camagüey en las primeras horas del 9 de noviembre por Punta de Macurije, a 60 kilómetros al oeste de Santa Cruz del Sur, golpeando al poblado con vientos superiores a los 250 kilómetros por hora y olas entre los 22 y 30 pies, que se tragaron la ciudad.

“Mucha gente fueron a dar a los cayos porque el mar se los llevaba. Las grandes olas entraban y salían, arrastrándolo todo. Los que permanecieron vivos en los cayos se murieron de frío y hambre”, recordó Puértolas Suárez, una de las sobrevivientes, en una entrevista concedida en 2012 a la radio local.

Dos horas que se hicieron eternas

Diana Puértolas, otra de las víctimas del hecho, quien en aquel entonces no llegaba al año de vida, cuenta —según las historias de su parientes— que algunos se salvaron, incluida su abuela y casi toda su familia materna, tras subir al techo de una casa. Otros, como ella, su hermano, madre y padre, lograron refugiarse en un tren que empujó el viento

“Llegamos a uno de los tres vagones de carga colmados de personas en la vía férrea. Allí había muchas mujeres, hombres y niños. Los hombres se ocupan de la puerta de este tipo de vehículo (…) El viento impulso al vagón por la línea, posibilitándonos distanciarnos del peligro, pero los otros dos se viraron, porque la gente cerró las puertas y un golpe de viento los volteó, provocando la muerte a todos aquellos que quedaron en su interior”.

Aunque el paso del ciclón no duró más de dos horas, destruyó 575 viviendas y provocó la muerte de 3.500 personas.

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