
Una eventual caída del régimen cubano no solo supondría una transformación histórica para la isla: también podría convertirse en el mayor triunfo político de Marco Rubio y colocarlo en una posición privilegiada de cara al futuro del Partido Republicano, según un análisis publicado por Bloomberg.
El medio señala que Rubio, nacido en Miami e hijo de inmigrantes cubanos, es el principal encargado de conducir la política de Estados Unidos hacia Cuba. Si consiguiera lo que numerosas administraciones estadounidenses no lograron durante más de seis décadas, su protagonismo podría convertirlo en uno de los favoritos republicanos para futuras elecciones.
El secretario de Estado ha intensificado durante los últimos días su discurso contra La Habana. En una entrevista divulgada esta semana, aseguró que, antes de terminar la actual administración, Cuba estará encaminada de manera irreversible hacia “un futuro muy diferente”.
También cargó contra el legado de Fidel Castro al afirmar que el dictador cubano “fue un fracaso en todo, menos en destruir Cuba”, coincidiendo con el centenario de su nacimiento.
Cuba, el proyecto político más personal de Rubio
La ofensiva contra La Habana representa para Rubio mucho más que otro asunto de política exterior. Cuba ha ocupado un lugar central en su trayectoria desde sus años como político local en Florida, su etapa como senador y su fallida candidatura presidencial de 2016.
Actualmente, su condición de secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional lo coloca en una posición de influencia que ningún otro político cubanoamericano había alcanzado dentro de una administración estadounidense.
Una persona que conoce a Rubio desde su etapa en la política de Florida declaró anteriormente a The Guardian que “todos los caminos han conducido a Cuba” para el funcionario.
“Ha querido esto durante mucho tiempo y ahora finalmente tiene la autoridad” para perseguir ese objetivo, afirmó la fuente.
Adolfo Franco, estratega republicano y exresponsable del programa estadounidense de asistencia a Cuba, consideró que Rubio dispone de una oportunidad excepcional. A su juicio, si el sistema cubano supera nuevamente este periodo, el resultado podría ser visto como “un fracaso colosal” de su gestión.
Bloomberg destaca, además, el peso electoral de los cubanoamericanos en el sur de Florida. Encabezar una transición en Cuba permitiría a Rubio presentarse como el dirigente que consiguió terminar con un régimen al que diez presidentes estadounidenses trataron de debilitar sin alcanzar su desaparición.
Ese desenlace fortalecería considerablemente sus credenciales ante la base republicana, especialmente si en el futuro decide competir nuevamente por la Casa Blanca.
La estrategia de presión comienza a transformar la economía cubana
La apuesta estadounidense se basa principalmente en estrangular las fuentes de ingresos y energía controladas por el Gobierno cubano, mientras se abren pequeñas excepciones dirigidas al sector privado.
La desaparición de los envíos tradicionales de petróleo venezolano y mexicano, unida a las sanciones contra bancos, empresas estatales, el turismo y las operaciones de GAESA, ha profundizado los apagones y el deterioro de los servicios públicos.
Estados Unidos, sin embargo, autorizó a sus empresas a exportar combustible a negocios privados cubanos. Entre febrero y mayo llegaron aproximadamente 900.000 barriles, según Reuters, una cantidad equivalente a solo nueve días de las necesidades energéticas de la isla.
La medida permitió mantener en funcionamiento algunos restaurantes, comercios, taxis y generadores particulares, pero también produjo un mercado negro caótico. La gasolina llegó a venderse por hasta 38 dólares el galón, una cifra inalcanzable para la mayoría de los cubanos.
El Gobierno de Miguel Díaz-Canel respondió aprobando 176 reformas que permiten una mayor intervención de empresas privadas y capital extranjero. Cerca de 200 negocios habían recibido autorización para distribuir combustible al por mayor al finalizar julio.
No obstante, Rubio considera que esas aperturas siguen siendo insuficientes y acusa a la cúpula gobernante de intentar conservar el poder mediante concesiones económicas limitadas.
Una victoria política con enormes riesgos
La caída del Gobierno cubano también permitiría a Washington reducir la presencia de China, Rusia e Irán a solo 145 kilómetros de Florida, otra cuestión que Rubio ha convertido en uno de los pilares de su discurso.
Pero el éxito de la presión podría generar un problema todavía mayor: el derrumbe institucional de Cuba sin una autoridad capaz de controlar la transición.
Juan Sebastián González, antiguo director para el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Biden, advirtió que el verdadero peligro no sería que la estrategia fracase, sino que funcione.
“El riesgo ahora mismo no es realmente que la presión falle, sino que tenga éxito y no haya nada para amortiguar la caída”, declaró. “No existe un plan para lo que viene después”.
Bloomberg también menciona la posibilidad de una oleada migratoria superior al éxodo del Mariel, una emergencia humanitaria frente a las costas de Florida y una reacción impredecible de Rusia y China.
Para Rubio, por tanto, la caída del régimen podría convertirse en la obra política que defina su carrera y lo impulse nuevamente hacia una candidatura presidencial. Pero un colapso desordenado también podría atribuirle la responsabilidad por el caos posterior y transformar su mayor oportunidad en el mayor riesgo de su trayectoria.