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PERIÓDICO CUBANO

Casi 3.000 vacas murieron de hambre en Las Tunas y el Gobierno se niega a venderlas

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Casi 3.000 vacas murieron de hambre en Las Tunas y el Gobierno se niega a venderlas

La carne seguiría reservada solo a los sectores más privilegiados y no para la población general

Más de 3.000 vacas han muerto de hambre y sed, pero el Gobierno se niega a venderlas. (Foto ilustrativa: Jason and Kris Carter-Flickr)

Mientras la gran mayoría de los cubanos nunca ha probado la carne de res, que permanece prohibida para los ciudadanos, las reses mueren de hambre y sed en los potreros del régimen

Ya que la carne de res es considerada legalmente como “propiedad” del régimen y por tanto administrada por el mismo, solo llega a las mesas de la cúpula gobernante así como a restaurantes y hoteles destinados al turismo extranjero.

Sin embargo, el sector ganadero padece las mismas carencias y dificultades que los demás productores de alimentos en Cuba, por lo que la mayoría de las cabezas se pierden por falta de lo más básico: comida y agua, según informó el portal CubaNet.

La mala administración del gobierno cubano le ha costado 7.069 reses hasta el cierre de mayo, solo en la provincia de Las Tunas. La mayoría de las reses (casi 3.000) perecieron por desnutrición sin heno, ensilaje, pastos de corte y fuentes de agua seguras para el ganado.

La sequía ha empeorado la situación este año, pues muchos de los abrevaderos de los que dependían las vacas se secaron, sin que el gobierno ofreciera otra alternativa a los ganaderos.

Los pastizales en los que se alimentaban las reses a la vez se han visto afectados por la sequía y posteriormente con las fuertes lluvias de las tormentas tropicales, que terminaron de matar la hierba.

A pesar de las múltiples formas que hay de conseguir alimento y agua para los animales, muchas conocidas por los productores, el que el sector esté controlado en todos los aspectos por el gobierno los limita al no poder sembrar o dejar crecer otros tipos de hierba diferentes al pasto de corte.

Sin embargo aunque pudieran salvar todas las cabezas de ganado, la carne seguiría reservada solo a los sectores más privilegiados de Cuba, sin hacer una diferencia real para la población cubana.

Aun con esto, parece un desperdicio que mientras los cubanos padecen la aguda escasez de alimentos que los obliga a formarse horas bajo el sol por un pedazo de pollo o una libra de arroz, el régimen prefiera ver a sus reses morir de hambre y sed antes que sacrificarlas y vender la carne al pueblo.

Las trabas del gobierno a productores alimentarios, desde campesinos hasta criadores de cerdos y pollos, así como el racionamiento de los productos, mantienen vigente el desabasto alimenticio que por décadas ha privado a los cubanos de conseguir todo lo que necesitan en una sola ida a la tienda, algo que sí se logra en el resto de los países de América.

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