
La creadora de contenido cubana Katherin Morán, conocida en redes como Aprendedora, salió recientemente de Cuba tras vender gran parte de sus pertenencias y se estableció en República Dominicana mediante un visado legal.
La joven relató en una entrevista cómo vivió sus últimas horas en la Isla y por qué decidió emigrar. Según explicó, eligió ese destino por su cercanía, afinidad cultural, redes de apoyo y porque le permitió evitar rutas migratorias irregulares que calificó de “peligrosas y duras”, en un contexto marcado por la censura y las limitaciones para ejercer su trabajo.
“Hoy me voy de Cuba. Ya lo vendí casi todo”, expresó en un video grabado antes de partir. En ese testimonio, difundido en redes, describió un ambiente cargado de incertidumbre: “Las últimas horas no se sienten épicas, se sienten raras”.
Katherin también reflejó el costo emocional de la salida: “Del otro lado de la alegría están los ojos de mi mamá, los chistes de mi papá, la familia, los amigos”.
Ver esta publicación en Instagram
Morán aseguró que su decisión no respondió solo a problemas materiales. “No me fui por los apagones. Me fui porque quiero ser libre. Quiero pensar y hablar sin tener miedo”, afirmó.
Su declaración conecta con un debate recurrente entre creadores cubanos, quienes intentan narrar su realidad en un contexto donde, según explicó, existen límites claros. “Hay temas de los que no puedes hablar con profundidad. Salud y educación son un límite”, dijo.
Durante la entrevista, detalló cómo funciona ese control. “Mostrar la realidad de un hospital sería muy peligroso, te pueden llevar preso”, sostuvo. Aun así, reconoció que el auge de las redes ha abierto espacios para contar la vida cotidiana: “Puedo decir que tengo 12 o 15 horas de apagón. Esa es mi realidad. Nadie me la puede negar”.
El acceso a internet representa otro obstáculo. Morán explicó que el servicio estatal ofrece paquetes limitados. “Solo tienes 6 GB al mes. Eso no alcanza para crear contenido”, señaló. Ante esa restricción, muchos recurren al mercado informal, una práctica que implica riesgos legales.
Ver esta publicación en Instagram
Sobre las condiciones materiales en Cuba, describió un escenario desigual. “Hay de todo, pero el acceso es limitado. La mayoría no puede comprarlo”, indicó, en referencia a electrodomésticos o alimentos. Añadió que gran parte de esos bienes llega gracias a familiares en el exterior.
La salida del país, según contó, se concretó mediante un visado. “Tenía la opción de cruzar fronteras hacia México, pero era peligroso. Elegí una vía legal”, explicó. En su caso, República Dominicana ofrecía ventajas: cercanía, idioma, cultura similar y redes de apoyo. “Estoy cerca, pude venir de manera legal… me han recibido de una manera demasiado buena”, afirmó.
Ya instalada fuera de Cuba, relató su impacto inicial. “Ir a un supermercado es como ir a un parque de atracciones. Hay de todo”, dijo. También mencionó retos de adaptación: “Es otro tipo de miedo, un miedo de empezar”.
En el plano político, Morán consideró que la raíz de la crisis combina factores internos y externos. Reconoció la existencia del embargo, pero cuestionó su uso como explicación única. “Si todo es culpa del embargo, no vas a solucionar los problemas internos”, afirmó.
La joven también alertó sobre las consecuencias de expresar opiniones críticas, incluso desde el exterior. “No solo te afecta a ti, también a tu familia”, dijo, al describir mecanismos de presión que, según denunció, se extienden más allá de las fronteras.
Pese a los desafíos, Morán proyecta su futuro fuera de la Isla con un objetivo claro: “Quiero seguir creando contenido, crecer y ayudar a mi familia”. Mientras tanto, su testimonio se suma a las voces de una generación que expone, desde distintas plataformas, las tensiones de la vida cotidiana en Cuba.

