
Un grupo de migrantes cubanos, junto con otros de Honduras y Ecuador denunciaron haber sido enviados por las autoridades migratorias de Estados Unidos a la República Centroafricana prácticamente sin previo aviso.
El caso forma parte de una política de la administración de Donald Trump que utiliza terceros países para recibir a personas que EEUU busca expulsar, incluso cuando no tienen vínculos con esos territorios.
Entre los afectados se encuentran cuatro cubanos, un hondureño y un ecuatoriano. Desde Bangui, capital de la República Centroafricana, relataron a EFE que permanecen alojados bajo restricciones para salir del lugar y buscan apoyo para regresar a EEUU.
El hondureño Brayan Sánchez aseguró a la agencia que ICE nunca le informó previamente que sería enviado a África, no eligió el destino, y lo mandaron de súbito sin avisarle.
Según su relato, agentes migratorios le comunicaron el traslado cuando ya estaba detenido y posteriormente le indicaron que debía abordar el avión. El viaje incluyó escalas en Senegal y Nigeria antes de llegar a la República Centroafricana.
Los cubanos Arístides Fernández, Omar Rodríguez y Almario Moreno también aparecen entre los afectados. En un video difundido desde África pidieron ayuda a congresistas y organizaciones para conseguir una solución a su situación.
“Estamos pidiendo por favor a los congresistas del sur de la Florida, María Elvira (Salazar) y a todas las personas que puedan ver este video, que lo hagan viral, que escuchen nuestra voz, que esto ha sido una injusticia y la estamos pasando bien mal”, pidió Fernández en el mensaje.
El caso muestra una de las principales consecuencias de la política migratoria impulsada por Trump desde su regreso a la Casa Blanca: el país norteamericano ha ampliado las deportaciones hacia países distintos al de origen del migrante.
La medida ha utilizado países de África, América Latina y otras regiones que aceptan recibir a personas expulsadas desde territorio estadounidense, enviándolos incluso a territorios en conflicto, en países como Ruanda, Sudán del Sur, Esuatini, Uganda, Ghana, Camerún y la República Democrática del Congo.
La política se suma a otras acciones adoptadas por Trump para reducir la inmigración irregular. Su administración incrementó las detenciones de ICE, aceleró procedimientos de expulsión, endureció las restricciones de entrada y amplió los acuerdos con terceros países para recibir deportados.
En diciembre de 2025, además, la Casa Blanca anunció nuevas restricciones de ingreso para ciudadanos de varios países considerados de alto riesgo por Washington.
Para los migrantes enviados a África, el problema no termina con la deportación, pues enfrentan grandes riesgos al llegar a sociedades con las que no tienen vínculos familiares, económicos o culturales.
Amnistía Internacional señala que estas expulsiones pueden llevar a personas a países donde nunca han vivido, no hablan el idioma y carecen de redes de apoyo.
La organización también advierte sobre dificultades para acceder a asistencia jurídica independiente y sobre los riesgos de violaciones de derechos humanos.
Los cubanos enfrentan además una situación particular, al llegar a un entorno desconocido, sin dinero suficiente, sin contactos y, en muchos casos, sin conocer el idioma local. Estas condiciones pueden dificultar desde conseguir alimentos y alojamiento hasta recibir atención médica o asesoría legal.
El caso de los seis latinoamericanos enviados a Bangui refleja así una nueva etapa de las deportaciones estadounidenses.
La prioridad de Washington es aumentar las expulsiones, mientras los países receptores terminan asumiendo la atención de personas que, en muchos casos, nunca habían tenido relación con sus territorios.
Migrantes de Honduras, Cuba y Ecuador acusan a Estados Unidos de deportarlos a África por sorpresa.
✍️ Pedro Pablo Cortéshttps://t.co/7SnwmRsgR2
— EFE Noticias (@EFEnoticias) August 7, 2026