
En una sorprendente admisión de ineptitud, el ministro de Transporte de Cuba, Eduardo Rodríguez Dávila, admitió el pésimo servicio que ofrece el transporte marítimo que cubre la ruta entre Batabanó, en Mayabeque, y Nueva Gerona, en la Isla de la Juventud.
El propio funcionario en un extenso texto en su perfil de Facebook asegura que es “sumamente incómodo y engorroso”, desde sacar el boleto para abordar al catamarán, hasta la travesía en sí misma. Todo lo anterior a pesar de que el régimen gastó millones de dólares en la compra del ferry Perseverancia.
Con sus declaraciones, Rodríguez Dávila pone de manifiesto la incapacidad del régimen castrista para resolver un problema tan sencillo como operar una ruta marítima una vez al día. El Estado comunista, después de más de 65 años, se niega a dar en concesión a un privado la ejecución de ese transporte de pasajeros y carga.
Actualmente, aunque la tripulación del Perseverancia, que combina experiencia y juventud, funciona contra viento y marea, hay un entorno laboral desfavorable. Los salarios son bajos, lo cual es un reflejo de un sistema que sacrifica el bienestar de sus trabajadores en aras de mantener una fachada de eficiencia.
Sobre el tema de la remuneración laboral, el ministro explica que “este barco pertenece a la Empresa Prácticos de Cuba, lo que para sus trabajadores tiene una implicación monetaria con salarios bajos, a diferencia de los tripulantes de un buque mercante. Muchos de ellos nos señalan que cada día cuesta más que los jóvenes vayan por voluntad propia al Perseverancia, la competencia del enrolo en buques mercantes que realiza la Empresa SELECMAR es notable”.
Los pasajeros, por su parte, enfrentan interminables esperas y una alarmante falta de información, aspectos que han sido crónicamente ignorados por las autoridades.
La situación en las terminales de Batabanó y Gerona es desalentadora. La infraestructura inadecuada y el caótico proceso de embarque y desembarque son solo la punta del iceberg de un sistema de transporte marítimo que está mal diseñado y operado por culpa del Estado.
“Nos queda entonces seguir perfeccionando este servicio y diversificar la movilidad hacia esa porción de nuestro archipiélago para hacerle la vida más fácil al pinero”, promete el funcionario, que dice haber orientado al viceministro del Transporte Roberto Ricardo, junto al director de Transporte de Pasajeros Luis Ladrón de Guevara, que atiendan las problemáticas expuestas.
A pesar de las promesas de mejora, el ministro Rodríguez Dávila y su equipo han mostrado poco progreso real, perpetuando la desesperanza entre los viajeros y la población en general.