
Dos cajeros automáticos de la zona del Ferrocarril, en Santiago de Cuba, aparecieron cubiertos de excremento este jueves. El hecho fue denunciado por el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada y ocurre en medio de la creciente molestia de los cubanos por las dificultades para retirar efectivo de sus propias cuentas bancarias.
Una fuente citada por Mayeta atribuyó el acto a una mujer que estaría molesta porque los cajeros no tenían dinero. Sin embargo, el periodista aclaró que no pudo confirmar quién realizó la acción ni comprobar que la falta de efectivo haya sido el motivo. Por ahora, tampoco existe una declaración oficial sobre lo sucedido.
Las imágenes muestran los equipos, sus pantallas y teclados cubiertos de suciedad. Los cajeros, además, ya presentaban señales visibles de deterioro, como óxido, piezas corroídas y componentes expuestos.
Aunque el acto resulta insalubre y constituye un daño a un servicio público, también refleja el nivel de frustración generado por una crisis que se ha extendido durante meses.
En Santiago de Cuba, las personas deben hacer largas filas para intentar sacar dinero, mientras algunos equipos permanecen fuera de servicio o simplemente no tienen billetes disponibles.
En La Habana ocurre algo parecido. En julio largas colas frente a sucursales del Banco Metropolitano, con personas esperando desde la madrugada para retirar sus salarios. En una de esas jornadas, los clientes ni siquiera tenían certeza de que habría efectivo suficiente para atenderlos.
La situación también afecta a los jubilados, con quienes es común ver filas de decenas de personas frente a un banco de Santiago de Cuba para cobrar las pensiones. Algunos ancianos llegaron a pasar horas esperando e incluso comenzaron a organizarse desde la noche anterior para conseguir un turno.
La falta de billetes ha creado además un mercado paralelo. Personas ubicadas cerca de los bancos ofrecen convertir transferencias electrónicas en efectivo a cambio de comisiones que pueden alcanzar el 40% o más. En Santiago, por cada 1.000 pesos transferidos solo entregaban 600 en efectivo.
El problema llegó a tal punto que el Banco Central de Cuba eliminó en julio el límite de 5.000 pesos para determinados pagos en efectivo. La propia norma reconoció la necesidad de utilizar de manera más eficiente el dinero físico disponible, pero la medida no garantiza que haya más billetes en los bancos.
Varias provincias enfrentan una falta de liquidez que afecta incluso el pago de salarios y pensiones. En Guantánamo, las autoridades llegaron a exigir que las sucursales bancarias aumentaran los depósitos de efectivo para poder cubrir esos pagos.
En este contexto, no está confirmado que los cajeros ensuciados hayan sido una forma deliberada de protesta. Lo que sí está documentado es el hartazgo de ciudadanos que reciben su dinero en una tarjeta, pero después deben pasar horas en una cola, encontrar un cajero vacío o pagar una comisión para convertir sus propios fondos en billetes.
El episodio de Santiago de Cuba, por tanto, aparece como una expresión más de la tensión provocada por una crisis de efectivo que el sistema bancario cubano todavía no consigue resolver.