El 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos sufrió una serie de ataques terroristas coordinados por la organización Al Qaeda. Diecinueve integrantes del grupo secuestraron cuatro aviones comerciales con pasajeros y los utilizaron como armas contra objetivos estratégicos del país.
Dos aeronaves impactaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, provocando el derrumbe de ambos edificios. Un tercer avión fue estrellado contra el Pentágono, cerca de Washington D. C., mientras el cuarto cayó en Pensilvania después de que pasajeros y tripulantes intentaran recuperar el control.
Los atentados causaron la muerte de casi 3.000 personas y dejaron miles de heridos. La tragedia transformó la política exterior y los sistemas de seguridad de Estados Unidos, dio paso a nuevas medidas de protección aérea y desencadenó una ofensiva internacional contra el terrorismo.