
El piloto cubanoamericano George Fariñas recordó ante Telemundo 51 los momentos de incertidumbre que vivió mientras se encontraba en pleno vuelo hacia Nueva York y recibió la orden de aterrizar de inmediato a causa de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
Fariñas, piloto e instructor de vuelo, operaba un avión con destino a Nueva York cuando recibió una orden inesperada de las autoridades aeronáuticas: debía aterrizar en Nueva Orleans. En ese momento, ni la tripulación ni los pasajeros conocían la magnitud de los acontecimientos que estaban ocurriendo en territorio estadounidense.
“Nosotros estábamos como a unas 100 millas al sur de New Orleans, cuando el centro nos dice: Delta 575, hagan planes de aterrizar de inmediato y de emergencia en New Orleans”, relató el piloto.
La instrucción sorprendió a Fariñas, quien pidió conocer la razón del cambio repentino en la ruta. La respuesta dejó claro que se trataba de una situación excepcional. “Esa orden viene del Departamento de Defensa y usted no tiene que saber por qué. Solo es una orden y tiene que aterrizar”, recordó.
Fariñas explicó que en aquel momento nadie a bordo comprendía qué estaba ocurriendo. “Toda la gente incrédula, nadie sabía lo que estaba pasando, hasta que salimos a la terminal donde había unas pantallas de TV y estaban mostrando que un avión había chocado contra una torre”, contó.
La incertidumbre aumentó cuando observaron el segundo impacto contra las Torres Gemelas. “Nos dimos cuenta de que se trataba de un ataque terrorista”, recordó.
El antes y el después de la seguridad aérea
Para Fariñas, los atentados marcaron un punto de ruptura en la historia de la aviación comercial. Antes del 11-S, los controles de seguridad eran mucho menos estrictos y los procedimientos actuales no existían.
Después de los ataques, EEUU creó la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) y aplicó nuevas medidas para reforzar la protección de pasajeros, aeropuertos y aeronaves.
“Para esa época, la seguridad en el aeropuerto no era muy buena. No existía el TSA. Muchas veces nosotros, como pilotos, pasábamos por seguridad y no nos preguntaban nada”, explicó.
Entre los cambios estuvieron mayores controles de acceso, inspecciones más rigurosas de equipaje, protocolos de identificación y el fortalecimiento de las puertas de las cabinas de mando para evitar accesos no autorizados.
Como inspector de aeronáutica civil, Fariñas asegura que observa diariamente la evolución de esas medidas. “Yo le estoy haciendo chequeo constantemente a los pilotos y viajo en la cabina con ellos. Veo las nuevas medidas que hay cuando una aeromoza quiere entrar en la cabina. Ella tiene que llamar al piloto y hay un código que tiene que dar”, señaló.
Aquel día, miles de personas quedaron atrapadas en aeropuertos mientras la aviación mundial enfrentaba una crisis sin precedentes. Para Fariñas, el 11-S no solo cambió la forma de volar, sino también la manera en que pilotos, pasajeros y autoridades entienden la seguridad aérea.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001
El 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos sufrió el peor ataque terrorista de su historia. Ese día, 19 integrantes de la organización extremista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales con pasajeros a bordo.

Dos de las aeronaves fueron estrelladas contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, provocando el derrumbe de ambos edificios. Otro avión impactó contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa, mientras que una cuarta aeronave cayó en Pensilvania después de que pasajeros intentaran recuperar el control del aparato.
Los ataques provocaron la muerte de casi 3.000 personas y generaron una respuesta inmediata de las autoridades estadounidenses, que ordenaron el cierre total del espacio aéreo nacional y el aterrizaje de miles de vuelos comerciales.
Entre las víctimas también se encontraban cubanos y personas de origen cubano que habían construido sus vidas en EEUU. Uno de los casos más recordados es el de Marco Motroni, músico cubano de ascendencia italiana que murió en las Torres Gemelas.
Había emigrado a territorio estadounidense a los 11 años y durante más de dos décadas formó parte de la orquesta Novel, dedicada a la difusión de la música cubana.
También fallecieron Nancy E. Pérez, empleada de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey; George Merino, nacido en Matanzas y trabajador de Fiduciary Trust International; y Niurka Dávila, quien laboraba en la misma institución pública.
La lista incluye además a Juan La Fuente, originario de Cienfuegos y empleado de Citibank; Carlos Domínguez, uno de los cubanoamericanos más jóvenes fallecidos en la tragedia, quien trabajaba para Marsh & McLennan Companies; y Michael A. Díaz-Piedra III, residente en Nueva York.
