
El caso del asesinato de un jubilado en Santiago de Cuba ha tomado un giro inquietante. Nuevas revelaciones apuntan a que José Luis Fernández Torres, acusado de matar y desmembrar a su colega Ángel Luis Mercantety Quiñones el pasado 21 de agosto, podría estar vinculado a otras desapariciones en la zona.
Julio César González Pagés, investigador cubano residente en el exterior, publicó este martes que Fernández, de origen holguinero y trabajador del sector educativo, tenía una marcada afición por novelas de crímenes y por los libros de la autora Agatha Christie. Según su testimonio, conocidos y vecinos aseguran que en la vivienda del acusado se hallaron recipientes con grasa humana que no corresponderían a la víctima identificada.
De confirmarse estos indicios, se abriría la posibilidad de que las autoridades estén ante un caso de un asesino en serie. González Pagés señaló que esta hipótesis deberá ser esclarecida por los equipos forenses, en un contexto donde la población de Santiago vive con temor tras conocerse los detalles del crimen.
Periódico Cubano investigó de manera independiente y colaboradores en el territorio informaron sobre la desaparición de un hombre que residía en el mismo edificio que Fernández Torres. De acuerdo con esas fuentes, el vecino lleva al menos dos meses ausente y su familia en La Habana ha confirmado que tampoco está en la capital.
El desaparecido, cuya identidad aún no ha sido revelada, acostumbraba a visitar la vivienda de Fernández para beber y compartir. La coincidencia ha generado inquietud en el vecindario, que teme que su caso esté relacionado con los hallazgos en el apartamento del acusado.
Hasta ahora, las autoridades cubanas no han emitido declaraciones oficiales sobre esta nueva línea de investigación ni sobre las denuncias de posibles víctimas adicionales. El silencio oficial contrasta con la magnitud de los hechos y la circulación de información en redes sociales.
La investigación inicial determinó que el 21 de agosto, durante una discusión por deudas y tras consumir alcohol, Fernández golpeó a Mercantety con un tubo hasta causarle la muerte. Luego lo desmembró y dispersó restos en un arroyo y en un contenedor de basura, mientras guardó otros fragmentos en su domicilio.
En la vivienda se encontraron dos refrigeradores con restos humanos, una jarra con grasa, pomos con carne frita y una bolsa con costillas. Estos elementos abrieron la sospecha de prácticas vinculadas al canibalismo, aunque no han sido confirmadas oficialmente.
El hallazgo de la cabeza de la víctima en un basurero el 26 de agosto permitió vincular el crimen con Fernández Torres y desencadenó su detención. La posibilidad de que existan más víctimas, sumada al hallazgo de grasa que no pertenece al jubilado asesinado, aumenta la gravedad del caso.
El perfil de Fernández, un profesor de 60 años con vínculos en el sistema educativo, refuerza la alarma social, pues hasta poco antes del crimen se esperaba que trabajara en una Escuela Especial en el nuevo curso escolar.
La falta de información oficial y el hermetismo mediático estatal mantienen abierto un debate sobre la seguridad ciudadana y el manejo de los delitos violentos en Cuba. En tanto, familiares de víctimas y comunidades locales reclaman claridad y justicia ante un suceso que podría trascender el caso individual y revelar un patrón mucho más grave.