
El embargo petrolero de Estados Unidos se ha convertido en el nuevo pretexto del régimen castrista para justificar la falta de atención médica a grupos vulnerables, como mujeres embarazadas.
Según el diario oficialista Granma, la medida emitida por el presidente Donald Trump pone en riesgo a 32.880 mujeres en gestación. Esta versión oficial señala que la falta de combustible afecta que se puedan realizar ultrasonidos obstétricos, la atención a casos de morbilidad materna grave y la movilidad de servicios médicos esenciales.
El informe también destacó que más de 61.000 menores de un año podrían verse afectados por la escasez de recursos en un contexto de “cruenta guerra económica contra Cuba”. El gobierno cubano insistió en que la falta de combustible está limitando desde la vacunación infantil hasta la atención de pacientes oncológicos y personas con enfermedades crónicas.
Este discurso oficial y obsoleto contra Washington no toma en cuenta la existencia de múltiples complicaciones para mujeres embarazadas y otros pacientes vulnerables, desde antes de la emisión de la medida estadounidense.
En diciembre pasado, Yurisnel Domenech Atencio denunció que su esposa y otras 14 embarazadas en el hospital de Media Luna, en Granma, llevaban más de dos semanas sin poder realizarse ultrasonidos debido a la falta de combustible para la planta eléctrica.
Lo curioso, según información compartida por Domenech en redes sociales, fue que el combustible apareció de inmediato cuando se necesitaba trasladar personas a un acto político en Cinco Palmas.
Poco después, el denunciante fue citado e interrogado por agentes de la seguridad del Estado, quienes lo acusaron de “instigar a la violencia”, pese a que en su testimonio no hubo tal llamado. Le levantaron un acta de advertencia y nunca se interesaron por la situación de las embarazadas.
Hospital infantil de Santa Clara en insalubres condiciones
Niños con enfermedades respiratorias están expuestos a condiciones insalubres mientras permanecen ingresados en el Hospital Pediátrico Infantil de Santa Clara, según una denuncia publicada en la página de Facebook La Tijera.
En la sala respiratoria B, que debería cumplir con los más altos estándares de higiene y atención, los pequeños pacientes conviven con filtraciones de aguas sucias y un ambiente que refleja el total abandono de las autoridades.
De acuerdo con el testimonio recibido, uno de los cubículos presenta un salidero constante que cruza el piso, mezclando agua contaminada con residuos, lo que representa un riesgo inmediato para los niños.
Las madres, agotadas y preocupadas, temen resbalar mientras transportan a sus hijos enfermos. En el cubículo adyacente, la situación es aún más preocupante: suciedad acumulada, restos orgánicos y basura sin recoger, lo que da la impresión de que la sala ha sido completamente desatendida.
Lo más alarmante es que el lavamanos de la sala está completamente tapado, lo que impide su uso. Esta negligencia aumenta el riesgo de infecciones cruzadas entre los niños, lo que pone aún más en evidencia la falta de control y responsabilidad en las instalaciones hospitalarias.