
El cubano Luis E. Pons denunció en redes sociales que fue sacado de la graduación de su hija en Estados Unidos después de mostrar una bandera cubana durante la ceremonia; un hecho que calificó como un acto de racismo.
El propio Pons publicó en Facebook un video en el que se le ve abandonando el auditorio acompañado por dos agentes. Mientras caminaba hacia la salida, expresó su inconformidad por la medida y aseguró que fue tratado como un delincuente solo por exhibir el símbolo nacional de Cuba.
“Solo porque saqué la bandera cubana, esto es racismo, no es otra cosa, me tratan como un criminal”, dijo mientras era escoltado fuera del recinto que se encontraba lleno de familiares de los estudiantes.
Según su versión, al llegar al lugar no observó ningún cartel visible que advirtiera sobre una prohibición de mostrar banderas u otros objetos durante el acto. También explicó que no domina el idioma inglés, por lo que, en caso de haberse ofrecido alguna indicación verbal o escrita sobre ese tipo de restricciones, no habría podido comprenderla adecuadamente.
Pons afirmó además que pidió disculpas al oficial cuando fue informado de que no se podía mostrar la bandera, pero aun así terminó siendo retirado del evento, cuya sede no fue revelada en los videos.
En los comentarios de su post, una usuaria lo cuestionó por sacar una bandera cubana tras haber emigrado a EEUU. Otro cibernauta contestó: “Por la sencilla razón de que sepan que su hija es una cubanoamericana y que se está graduando, que está orgulloso, eso no es ni un delito”.
En Estados Unidos, las ceremonias escolares de graduación suelen estar sujetas a normas internas establecidas por cada distrito, escuela o recinto donde se desarrolla el acto.
Aunque las reglas pueden variar, generalmente se pide a los asistentes mantener una conducta ordenada, permanecer en sus asientos, evitar interrupciones, no bloquear la vista de otros familiares y respetar las instrucciones del personal de seguridad o de la institución.
También es común que algunas escuelas limiten pancartas, globos, bocinas, banderas grandes u objetos que puedan obstruir la visibilidad, distraer durante la ceremonia o alterar el protocolo del evento.
En muchos casos, estas normas se comunican previamente mediante correos electrónicos, boletos de entrada, anuncios en la página escolar o instrucciones al inicio de la actividad.
Sin embargo, el caso denunciado por Pons plantea interrogantes sobre la claridad de esas indicaciones, la forma en que se aplicaron las reglas y si existieron alternativas antes de proceder a su expulsión del auditorio.