
La Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) reportó que, durante abril de 2025, el precio del pan redondo suave no normado de 80 gramos llegó hasta 60 pesos cubanos (CUP) en Santiago de Cuba, el valor más alto registrado en el país ese mes.
Por su parte, el precio más bajo fue registrado en Ciego de Ávila, donde costó en promedio 16 CUP. Sin embargo, muchos cubanos en redes sociales no están de acuerdo con los datos y aseguran que las tarifas son más caras que estos precios oficiales.
Algunos argumentan que el peso y la calidad del pan vendido en el mercado no estatal no corresponden con los estándares oficiales, poniendo en duda las estadísticas presentadas por la ONEI. La oficina ha respondido a estas críticas asegurando transparencia en su metodología, pero la confianza popular sigue siendo baja.
Los costos corresponden al mercado no normado, es decir, el pan que se comercializa fuera de la libreta de racionamiento y que fluctúa según la oferta y demanda. En la capital, el precio osciló entre 21.42 y 58.33 CUP, según el índice de precios al consumidor reportado por la ONEI.
La crisis del pan no se limita al mercado de oferta y demanda. En la provincia de Guantánamo, las autoridades locales autorizan un aumento de precios en el pan liberado ante la escasez de harina de trigo. Desde el 9 de mayo de 2025, el pan de la canasta básica se destina exclusivamente a niños de 0 a 13 años y consumos sociales priorizados como hospitales y centros educativos. Para adquirirlo, es obligatorio presentar la libreta de racionamiento.
El municipio de Guantánamo aprobó nuevos precios topados para diferentes tipos de pan: 25 CUP para pan manzana de 40 gramos, 40 CUP para flautín de 70 gramos y 100 CUP para flauta de 130 gramos. Estas medidas buscan enfrentar el incremento de los costos de las materias primas, que han hecho insostenible mantener los precios antiguos.
En Santiago de Cuba, el acceso al pan normado es incierto y depende de la llegada irregular de harina a las panaderías estatales. Una rastra de 20 toneladas recibida recientemente es insuficiente para cubrir la demanda diaria de 51.8 toneladas en la provincia. La distribución se realiza por sistema rotativo, priorizando el municipio cabecera. La ausencia de molinos locales capaces de procesar harina de manera regular agrava la crisis.
Las panaderías estatales muestran un deterioro progresivo, con instalaciones en mal estado, atención limitada y ausencia de horarios fijos. Esta situación obliga a muchas familias a depender de envíos de sus familiares en el extranjero o a recurrir al mercado paralelo donde el pan se vende en dólares, especialmente en pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) que importan harina.
El mercado dolarizado genera tensiones sociales, ya que excluye a gran parte de la población que no tiene acceso a divisas. La brecha económica se refleja en la capacidad para adquirir este alimento básico, poniendo en evidencia la crisis alimentaria y la desigualdad en Cuba.