
El Partido Comunista de Cuba (PCC) reconoció públicamente que sus políticas están lejos de resolver los problemas estructurales del país, en medio de una crisis económica prolongada que golpea con fuerza a la población.
Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central del PCC, afirmó que “todo lo que estamos haciendo está muy lejos de resolver los problemas que tenemos”.
La declaración, difundida por medios estatales, confirma lo que millones de cubanos padecen desde hace décadas: la incapacidad del régimen para ofrecer soluciones reales a la debacle nacional.
El reconocimiento de Morales Ojeda no es nuevo. El propio primer ministro, Manuel Marrero Cruz, describió recientemente la situación del país como una “economía de guerra”.
El jefe de Gobierno reiteró ese diagnóstico durante sesiones extraordinarias de los consejos provinciales de La Habana y Pinar del Río, en un contexto marcado por el agravamiento de la crisis interna y el impacto geopolítico tras la captura de Nicolás Maduro, uno de los principales aliados del régimen cubano.
Sin embargo, la estrategia oficial es continuar con el burocratismo y planes quinquenales al estilo soviético. Marrero defendió la implementación del llamado Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, al que calificó como la “brújula” de la gestión territorial.
El régimen transmite la idea de que los resultados de ese programa deben traducirse en mejoras visibles en la vida cotidiana de la población, aunque hasta ahora esas promesas no se han materializado en cambios concretos.
El primer ministro insistió en que la supervivencia y el desarrollo del país en 2026 dependen de adoptar alternativas y soluciones con recursos propios. Subrayó la producción de alimentos como prioridad estratégica y llamó a aprovechar las “potencialidades internas” ante la escasez crónica.
No obstante, volvió a responsabilizar al embargo estadounidense como el principal obstáculo al desarrollo, aunque reconoció deficiencias internas que ya no pueden justificarse únicamente por factores externos.
Datos oficiales revelan una economía en caída libre
Las cifras oficiales y los datos de organismos regionales reflejan la magnitud del colapso económico. Cuba enfrenta una combinación de crisis energética, desplome agroalimentario y caída sostenida del turismo. El Producto Interno Bruto acumula una contracción cercana al 11% en los últimos cinco años, sin señales claras de recuperación.
En 2025, la Unión Eléctrica reportó escenarios con una demanda aproximada de 3.500 megavatios y una capacidad real de generación cercana a los 1.700 megavatios. El déficit de unos 1.800 megavatios ha provocado apagones simultáneos en más de la mitad del país.
Seis de las 16 unidades termoeléctricas han estado fuera de servicio, mientras decenas de grupos de generación distribuida permanecen paralizados por falta de combustible, con cortes eléctricos de hasta 20 horas diarias en algunas zonas.
La crisis alimentaria es otro de los pilares del deterioro. Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), ninguno de los 23 rubros alimenticios industriales mostró crecimiento en 2023. En cinco años, la producción de alimentos se desplomó alrededor de un 67%. El arroz elaborado cayó casi un 90% entre 2018 y 2023, mientras cultivos básicos como el plátano y los cereales registraron descensos drásticos.
El turismo, una de las principales fuentes de divisas, tampoco ofrece alivio. Cuba recibió 2,2 millones de visitantes en 2024, la peor cifra en unos 17 años y muy lejos de los niveles previos a la pandemia. Apagones, deterioro de servicios y problemas de seguridad continúan alejando a los viajeros.
Rechazo social y hartazgo ciudadano
Las declaraciones del secretario de Organización del PCC provocaron una ola de reacciones críticas en redes sociales. Alejandro Marrero Sánchez afirmó que “el principal problema de Cuba es interno” y que la solución pasa por eliminar el comunismo. Luis Vargas ironizó sobre más de seis décadas de poder del Partido: “Lograron que todos sean iguales, pero igual de pobres”.
Otros usuarios, como Wilian Fernando Quesada y Sonia Ramos, cuestionaron la “autocomplacencia” de la dirigencia. Jorge Piñeiro pidió directamente la renuncia de los gobernantes, mientras Ulises Camacho reclamó democracia y elecciones libres. Para muchos, como escribió Esteban Arteche, “es el sistema” el que impide cualquier salida real.
En conjunto, las reacciones reflejan un profundo hartazgo social. Para amplios sectores de la población, dentro y fuera de la Isla, el reconocimiento tardío del fracaso no basta. Sin un cambio político estructural, el discurso oficial sigue siendo, como resumió Pedro Marrero, “el mismo perro con diferente collar”.

