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Poema al niño cubano Damir Ortiz

Damir Ortiz
Nos queda rezarte con amor sencillo, pedir por tu gozo, por tu nueva luz. (Captura de pantalla © Eliannis Ramírez – Redes Sociales)

Pequeño Damir, sonrisa de cielo,
cruzaste la vida con paso tan leve,
que el aire, al rozarte, quedó más sereno
y el mundo, al mirarte, se tornó más breve.

Luchaste en la tierra con dulce bravura,
como un ángel preso en un cuerpo frágil,
con la esperanza en los ojos tan pura
que el dolor se apartaba de ti, dócil.

Te cuidaron manos, se alzaron plegarías,
fuiste luz que encendió tantas almas buenas.
Desde Cuba partiste con fe temeraria
a buscar en la ciencia la cura más plena.

Pero Dios, que te vio tan valiente y bello,
te llamó a su lado, sin más esperar.
Hoy juegas, risueño, bajo su destello,
sin agujas ni llanto que te puedan tocar.

Allá en el jardín donde el cielo es eterno,
corres sin límites, ríes sin temor,
y tu alma de niño, radiante y sin duelo,
abraza la dicha junto al Señor.

Nos queda rezarte con amor sencillo,
pedir por tu gozo, por tu nueva luz.
¡Damir, dulce estrella, pequeño chiquillo,
descansa en los brazos del buen Jesús!

Jorge Luis León
6 de abril de 2205

 

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