
La Cancillería cubana no había ofrecido una explicación pública este miércoles 6 de mayo sobre el presunto hackeo atribuido a piratas informáticos vinculados a China contra la embajada de Cuba en Washington, una operación que habría comprometido correos de 68 funcionarios diplomáticos en medio de nuevos contactos entre La Habana y Washington.
La información fue revelada por Bloomberg Línea, que citó hallazgos de la firma de ciberseguridad Gambit Security. Según esa pesquisa, la campaña comenzó en enero y alcanzó cuentas del embajador cubano y del subjefe de misión, además de otros funcionarios políticos y de inteligencia.
El silencio del MINREX contrasta con la gravedad del episodio. La filtración habría permitido acceder a comunicaciones diplomáticas en un momento de tensiones regionales, marcado por el endurecimiento de la política de Washington hacia Cuba y por conversaciones de alto nivel entre ambos gobiernos.
Los investigadores sostienen que los intrusos explotaron dos vulnerabilidades antiguas en servidores Microsoft Exchange usados por la sede diplomática. Una vez dentro, descargaron bandejas completas de entrada, una acción que pudo exponer mensajes sensibles y líneas internas de negociación.
¿Por qué el régimen castrista está callado sobre este espionaje?
El silencio del MINREX podría responder a la incomodidad política que genera señalar públicamente a China, uno de los principales aliados estratégicos del régimen cubano.
Una denuncia abierta obligaría a La Habana a reconocer que una potencia cercana habría vulnerado comunicaciones sensibles de su propia misión diplomática en Washington, justo cuando la Isla enfrenta una crisis económica profunda y depende de apoyos externos en áreas comerciales, tecnológicas y financieras.
Otra posible razón es el carácter delicado de la información comprometida. Si los correos incluían detalles sobre contactos recientes entre Cuba y Estados Unidos, funcionarios de alto nivel o temas de inteligencia regional, el gobierno cubano tendría incentivos para evitar una reacción pública que confirme la magnitud del incidente.
En ese escenario, el MINREX optaría por el silencio para no exponer fallas de seguridad, tensar su relación con Beijing ni admitir ante la opinión pública cubana la vulnerabilidad de su aparato diplomático.
Curtis Simpson, director de estrategia de Gambit Security, resumió el alcance del caso con una frase directa: “Este hackeo muestra cómo los acontecimientos mundiales impulsan la actividad cibernética”. También advirtió que el uso de inteligencia artificial puede acelerar la explotación de fallos conocidos.
El reporte añadió que las embajadas de Cuba y China en Washington no respondieron a solicitudes de comentarios. Esa falta de reacción mantiene abiertas varias preguntas sobre el impacto real del acceso no autorizado y sobre la respuesta interna del aparato diplomático cubano.
El analista internacional Fernando Vaccotti, experto en inteligencia, dijo a NTN24 que el caso debe mirarse “sin ingenuidad”. Según afirmó, “China niega, Estados Unidos acusa y en el medio está Cuba otra vez como plataforma estratégica”.
Vaccotti consideró que el debate ya no gira solo en torno a la ideología, sino a la inteligencia, la interceptación de mensajes, el monitoreo satelital y el seguimiento de actividad militar en el sur de Estados Unidos.
El experto también mencionó el valor estratégico de instalaciones cubanas asociadas históricamente al espionaje electrónico, como Lourdes, en Bejucal. A su juicio, el punto central no sería una base visible al estilo de la Guerra Fría, sino redes más discretas y difíciles de detectar.
Gambit Security afirmó, además, que el mismo grupo atacó objetivos del gobierno venezolano y del Ministerio de Asuntos Exteriores de Venezuela en un periodo similar. La firma identificó herramientas, técnicas e infraestructura asociadas al ciberespionaje patrocinado por el Estado chino.
El caso golpea un punto sensible para La Habana. El régimen cubano suele denunciar amenazas contra sus sedes diplomáticas en Estados Unidos, pero hasta ahora no ha hecho pública una protesta equivalente por el presunto acceso chino a comunicaciones de su propia misión.
Para Vaccotti, el riesgo regional va más allá de Cuba. “La nueva guerra no se declara, se infiltra”, afirmó. Su lectura apunta a un escenario donde el Caribe gana peso como espacio de vigilancia, datos e inteligencia entre potencias.
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