
Ante el persistente déficit habitacional y la escasez de materiales de construcción, el Estado cubano apuesta por la reutilización de más de 3.500 contenedores marítimos en desuso para convertirlos en viviendas modulares destinadas a distintos municipios de La Habana.
La iniciativa se presenta como una alternativa de emergencia frente a la limitada capacidad del país para sostener la edificación tradicional a gran escala. Se trata de un plan que ya ha sido asumido en otras provincias, como Villa Clara, siendo catalogado por la prensa oficialista cubana como “innovación”.
Las primeras transformaciones se desarrollan en la Unidad Empresarial de Base Producciones Metálicas, ubicada en Guanabacoa, donde se acondicionan pequeños módulos de aproximadamente 29 metros cuadrados. Estas unidades incluyen áreas básicas para sala, cocina-comedor, baño y dos habitaciones, además de puertas, ventanas, revestimientos interiores y pintura anticorrosiva, informó ACN.
De acuerdo con Delilah Díaz Fernández, directora del Programa de la Vivienda, las casas serán asignadas mediante los gobiernos locales y las direcciones municipales y provinciales de la Vivienda. Entre los beneficiarios previstos se encuentran trabajadores vinculados a parques solares fotovoltaicos, personas afectadas por derrumbes totales y familias en situación de vulnerabilidad.
Sin embargo, no serán gratis. Aunque el financiamiento inicial procede del Presupuesto del Estado, los beneficiarios deberán asumir un monto establecido por el banco, que dependerá del nivel de terminación y de los materiales empleados.
Desde la entidad productora se reconoce que la ejecución avanza con lentitud debido a la falta de combustible y a los apagones, factores que han impactado directamente la construcción de las primeras 35 viviendas previstas para el reparto La Solita, en Arroyo Naranjo.
Además de La Habana y Villa Clara, en Santiago de Cuba, las autoridades han anunciado la aceleración de este tipo de reconversión ante el agravamiento del colapso habitacional, especialmente tras el paso del huracán Melissa. Medidas similares avanzan en Granma y Guantánamo, como respuesta a los daños ocasionados por fenómenos meteorológicos recientes.
Estas iniciativas, presentadas como innovadoras, han suscitado críticas. Especialistas y ciudadanos señalan que el recurso a contenedores evidencia las limitaciones estructurales del país para enfrentar un déficit que supera las 800.000 viviendas.
Entre las principales preocupaciones figuran la escasa ventilación y el deficiente aislamiento térmico, que en el clima cubano pueden convertir estas estructuras en verdaderos “hornos solares”.
A ello se suman dudas sobre la seguridad ante eventos climáticos extremos, la reducción del espacio habitable y el endeudamiento que implica para las familias, factores que han generado rechazo y cuestionamientos sobre la sostenibilidad de esta alternativa a largo plazo.

