
El presidente designado de Cuba, Miguel Díaz-Canel, encabezó ayer sábado en La Habana una reunión de dos horas con más de medio centenar de miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) para motivarlos a cumplir con el programa “Mi Barrio por la Patria”.
Esta iniciativa, aprobada en marzo y enfocada a los Comités de Defensa de la Revolución, busca fortalecer la idea propagandística de que el sistema socialista se encuentra amenazado y requiere del respaldo de una “comunidad combativa”.
Según la Presidencia de Cuba, la estrategia se encuentra formada por tres líneas: Barrio Seguro, Barrio Participativo y Barrio Productivo. El teniente coronel de la reserva, Andrés Cobiella Santana, presidente de la Dirección Provincial de la ACRC en La Habana, detalló el alcance de cada frente dentro de la política de movilización comunitaria del régimen.
Barrio Seguro promueve la participación de combatientes en los Días Nacionales de la Defensa y la organización de sistemas de vigilancia en cada zona, en coordinación con los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
En el caso de Barrio Participativo, el programa contempla apoyo a delegados del Poder Popular, atención a combatientes en situación de vulnerabilidad, labores de higienización en las comunidades y activación de brigadas sanitarias para la pesquisa epidemiológica.
Barrio Productivo, por su parte, promueve la siembra de alimentos en patios y parcelas por integrantes de la asociación, una fórmula recurrente del oficialismo para trasladar a los ciudadanos la carga de paliar la escasez.
El jefe de la Policía Nacional Revolucionaria, primer coronel Eddy Manuel Sierra Arias, respaldó la iniciativa y afirmó que la labor de la ACRC “está permitiendo consolidar el enfrentamiento al delito, la atención a las personas vulnerables, el impulso a la producción de alimentos y otras tareas que también contribuyen de manera directa a la defensa”.
La apuesta por reactivar mecanismos de vigilancia barrial llega cuando los CDR, fundados en 1960 como estructura de control comunitario, atraviesan una visible crisis de legitimidad y rechazo por parte de los jóvenes, quienes tienen más interés en denunciar los problemas en la Isla que defender a un sistema político.
En varias localidades del país se han reportado manifestaciones espontáneas y protestas con consignas como “Libertad” o llamados a salir a la calle. Ese hartazgo responde a una realidad cada vez más dura para millones de cubanos, con apagones que en algunas zonas superan las 20 horas diarias y un deterioro sostenido de las condiciones de vida.
La línea oficial ha quedado clara también en recientes actos de los CDR. Su coordinador nacional, Gerardo Hernández Nordelo, exhortó a convertir cada estructura barrial en un “batallón de defensa y combatividad”, preparado para responder a manifestaciones contra el socialismo.