
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió al mundo el 27 de febrero de 2026 al sugerir que su administración podría estar cerca de una “toma amistosa” de Cuba. En sus declaraciones, el republicano destacó que el régimen comunista, en crisis económica, está en conversaciones con Washington.
El término “toma amistosa” ha causado desconcierto, especialmente porque muchos lo interpretan como un posible cambio en la postura de Estados Unidos hacia Cuba. Tradicionalmente, la relación entre ambos países ha estado marcada por la confrontación, las sanciones económicas y el apoyo a la comunidad cubanoamericana.
Sin embargo, con la situación interna de Cuba empeorando, Trump parece estar abriendo la puerta a una transición política en la Isla que podría incluir un cambio de régimen, todo bajo la idea de que esta transición no necesariamente sería violenta, sino controlada.
Trump ha señalado en varias ocasiones que el régimen comunista se enfrenta a una crisis económica profunda, lo que lo lleva a la conclusión de que, bajo ciertas condiciones, se podría permitir una “toma amistosa” que beneficiaría tanto a la comunidad cubana en el exilio como a la población dentro de la Isla.
¿Una intervención o una reforma interna?
Algunos analistas interpretan las palabras de Trump como una metáfora de una posible intervención sin recurrir a la violencia, algo más cercano a una reforma interna en Cuba que podría ser facilitada por la presión externa.
Esta reforma implicaría que Cuba abriese su sistema político y económico, siguiendo un modelo más cercano al de China o Vietnam, lo que permitiría al país mantenerse bajo un control autoritario, pero con una economía de mercado más abierta.
Sin embargo, esto podría implicar grandes riesgos, pues el historial de reformas fallidas en otros regímenes comunistas pone en duda la viabilidad de un cambio tan radical.
Muchos cubanos, especialmente aquellos que han sido víctimas del régimen castrista, consideran que cualquier cambio en Cuba es positivo, siempre que signifique el fin abrupto del comunismo o el inicio del desmontaje de todo el aparato de poder.
Para la comunidad cubana en el exilio, la “toma amistosa” de Cuba podría representar una oportunidad para regresar a su patria y reconstruir una nación democrática.
Aunque Trump no ha detallado qué exactamente implicaría sus palabras todo sugiere que el enfoque de su administración está evolucionando. En lugar de centrarse exclusivamente en las sanciones y la presión directa, parece que Estados Unidos estaría dispuesto a explorar otras opciones para asegurar un cambio de régimen en Cuba. Claramente exigiría garantías a la cúpula castrista.
Pedro Monreal, economista cubano, ha analizado el posible enfoque de la administración de Trump hacia Cuba, sugiriendo que podría estar buscando un cambio gradual similar al de China o Vietnam.
Monreal advirtió que, aunque EEUU podría presionar por reformas económicas que eliminen la planificación centralizada, este proceso no está exento de riesgos.
Señala que el gobierno cubano podría aceptar reformas bajo un sistema de “autoritarismo desarrollista”, pero advierte que este tipo de transformaciones no están garantizadas, y el riesgo de fracaso es alto, tal como ocurrió con otros regímenes comunistas.


Amistosa;pero que la cúpula que gobierna se vaya del país,aplicar Ley Hems Burton y ” colorín colora’o” ese cuento está acabao’o