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¿Quién responde por el desastre económico y sanitario de Cuba?

crisis en Cuba
Las limitaciones impuestas a los productores, la intervención estatal en los precios y las trabas a la comercialización han obstaculizado el desarrollo del país. (Foto © Periódico Cubano)

Durante décadas, el Gobierno cubano ha presentado el embargo estadounidense como la explicación principal de las carencias que padecen los ciudadanos. Cada crisis, cada escasez y cada fracaso parecen conducir al mismo argumento.

Pero hay una pregunta que La Habana evita responder con transparencia: ¿hasta dónde llegan las sanciones externas y dónde comienzan las responsabilidades del propio Gobierno?

Las restricciones estadounidenses son reales. Dificultan determinadas operaciones financieras y comerciales y pueden encarecer las importaciones. Negarlo sería faltar a la verdad.

Sin embargo, utilizarlas como explicación universal de la tragedia económica cubana impide examinar los errores de gestión, las decisiones políticas y las deficiencias estructurales que también contribuyen a ella. El comercio existe. Las preguntas también.

Los ciudadanos no necesitan consignas; necesitan medicamentos, diagnósticos, operaciones seguras y hospitales en condiciones de atenderlos. (Foto © Periódico Cubano)

Cuba mantiene relaciones comerciales con numerosos países. Y el intercambio con Estados Unidos, pese a las restricciones, alcanza cifras considerables. Según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, las exportaciones estadounidenses de bienes a Cuba ascendieron a 809,6 millones de dólares en 2025.

La mayor parte de las operaciones con Cuba continúa prohibida, pero existen excepciones y autorizaciones para determinados productos, incluidos alimentos y suministros médicos.

La cifra no significa que Cuba tenga acceso irrestricto al mercado estadounidense ni que todos esos productos sean de libre adquisición para el Estado. Pero sí demuestra que la realidad comercial es más compleja que la imagen de un país completamente aislado.

Entonces, si existen canales de comercio, ¿por qué la economía cubana no consigue garantizar alimentos suficientes, una producción nacional estable y servicios públicos dignos? La respuesta exige examinar tanto las restricciones externas como el funcionamiento del sistema económico cubano.

Los hospitales: una denuncia que exige respuestas

La situación sanitaria hace todavía más urgente esta discusión. En mayo de 2026, Diario de Cuba, a partir de datos públicos del comercio bilateral, informó de compras cubanas en Estados Unidos durante 2025 de reactivos de laboratorio, instrumental quirúrgico y ortopédico, insumos farmacéuticos y otros productos médicos.

El medio también documentó donaciones de productos médicos por un valor aproximado de 5,05 millones de dólares. Estos datos no demuestran que las necesidades sanitarias estén cubiertas ni que los suministros lleguen a todos los hospitales. Tampoco eliminan las dificultades financieras, logísticas y comerciales que pueden obstaculizar otras adquisiciones.

Pero plantean interrogantes legítimos que las autoridades deberían responder públicamente: ¿qué productos se compraron?, ¿quién los recibió?, ¿cómo se distribuyeron?, ¿qué inversiones se realizaron para mantener los equipos y las instalaciones?, ¿por qué continúan las carencias de medicamentos y material indispensable?

Los ciudadanos no necesitan consignas; necesitan medicamentos, diagnósticos, operaciones seguras y hospitales en condiciones de atenderlos. El problema también está dentro del sistema.

El fracaso del modelo económico cubano

Un modelo económico que concentra las decisiones, restringe la iniciativa privada y somete buena parte de la producción a controles administrativos debe responder por sus resultados.

Los apagones son una de las muestras más visibles de la crisis económica en Cuba. (Foto © Periódico Cubano)

Durante años, las limitaciones impuestas a los productores, la intervención estatal en los precios y las trabas a la comercialización han obstaculizado el desarrollo. Cuando producir resulta difícil, vender está sujeto a demasiadas barreras y las decisiones dependen de la burocracia; las consecuencias terminan afectando al consumidor.

Cuba necesita liberar la capacidad productiva de sus campesinos y emprendedores, permitir mercados más abiertos y transparentes, reducir las trabas innecesarias y establecer reglas que estimulen la producción. Necesita, además, instituciones que fiscalicen el uso del dinero público y permitan conocer cómo se toman las decisiones económicas.

No se puede exigir prosperidad mientras se mantienen mecanismos que dificultan producir. Tampoco se puede reclamar sacrificio permanente a la población sin ofrecer información verificable sobre los resultados de la gestión estatal. La responsabilidad no desaparece detrás de una consigna.

Responsabilidad interna

Las sanciones estadounidenses deben analizarse con rigor, pero la responsabilidad del Gobierno cubano también. Quienes administran los recursos públicos tienen la obligación de explicar sus prioridades, publicar información comprobable y rendir cuentas por los resultados de sus políticas.

El embargo no justifica automáticamente cada escasez, cada inversión fallida ni cada deficiencia administrativa. Del mismo modo, la existencia de comercio con Estados Unidos no significa que todas las restricciones hayan desaparecido.

La cuestión de fondo es otra: ¿por qué, después de décadas de control estatal, la economía cubana no consigue garantizar condiciones de vida dignas a sus ciudadanos? La denuncia final es sencilla: el pueblo cubano no puede seguir pagando el precio de las restricciones externas y de los errores internos sin recibir explicaciones.

La verdad histórica exige examinar todas las causas, identificar responsabilidades y rechazar las justificaciones que impidan conocer los hechos. Ningún gobierno debe quedar exento de rendir cuentas, y ninguna consigna puede sustituir el derecho de los ciudadanos a saber qué se hace con los recursos del país.

Porque cuando faltan alimentos, medicamentos y atención hospitalaria, la discusión deja de ser una disputa de palabras. Se convierte en una cuestión de responsabilidad pública, dignidad humana y futuro nacional.

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