
Luego de pasar años y hasta décadas insultando a los cubanos que huyeron de la dictadura para hacer su vida en el exilio, ahora el régimen de Cuba los persigue para obtener su dinero, facilitando que se conviertan en inversionistas en la Isla.
El Partido Comunista Cubano (PCC) celebró el miércoles 17 de junio un pleno extraordinario de su Comité Central para ratificar el paquete de reformas económicas anunciado por Miguel Díaz-Canel el pasado 12 de junio.
Este jueves, la Asamblea Nacional del Poder Popular fue convocada a sesión extraordinaria para ratificar formalmente los cambios, con los que abrió la posibilidad de que ciudadanos cubanos residentes en el exterior puedan invertir en sectores de la economía nacional.
La medida llega en medio de una crisis económica profunda, dificultades para atraer capital extranjero y un deterioro creciente de sectores estratégicos de la Isla.
El cambio contrasta con las décadas de discurso oficial que ha presentado al exilio como enemigo político de Cuba, y que además proclama a Cuba como una nación soberana que no necesita del apoyo de los “gusanos” que le han dado la espalda a la Isla.
El marco legal ya había comenzado a implementarse, con la aprobación del Decreto-Ley 117/2026, que creó la condición migratoria de “Inversores y de Negocios” para ciudadanos cubanos en el exterior, publicado en la Gaceta Oficial Extraordinaria No. 60 y vigente desde el 5 de mayo de 2026
Mediante nuevas disposiciones migratorias, las facilidades van dirigidas a personas vinculadas con actividades empresariales y de inversión, en sectores abiertos que incluyen turismo, energía, infraestructura, banca, minería, mipymes y fondos de inversión.
La decisión aparece en un momento complejo para la economía cubana. Durante los últimos años el país ha enfrentado una caída en ingresos por turismo, dificultades para obtener financiamiento externo, problemas energéticos y una reducción de inversiones internacionales.
Diversos medios independientes han señalado que las recientes sanciones estadounidenses sobre entidades vinculadas a estructuras estatales cubanas, especialmente aquellas relacionadas con el conglomerado militar GAESA, aumentaron la incertidumbre entre compañías extranjeras.
Algunas empresas y socios comerciales comenzaron a reevaluar operaciones o relaciones económicas para evitar posibles sanciones secundarias.
Ese escenario se suma a problemas que inversionistas extranjeros ya señalaban desde hace años, entre ellos retrasos en pagos, limitaciones para mover capital, escasez de divisas y falta de garantías jurídicas.
Informes económicos recientes también mostraron que Cuba ha tenido dificultades para cumplir sus propias metas de captación de inversión extranjera.
La apertura hacia el exilio llama la atención por el contraste con el lenguaje utilizado durante décadas desde las instituciones oficiales.
A partir de los primeros años posteriores a la revolución, numerosos cubanos que abandonaron el país fueron señalados con términos despectivos y presentados públicamente como adversarios políticos. Durante episodios como el éxodo del Mariel en 1980, esas tensiones llegaron incluso a actos públicos de hostigamiento y repudio.
Sin embargo, el paso del tiempo también convirtió a la emigración en uno de los principales apoyos económicos para miles de familias cubanas.
Las remesas enviadas desde el exterior han sido durante años una fuente importante de ingresos para numerosos hogares y en distintos momentos ayudaron a aliviar carencias internas.
La reacción entre sectores del exilio y empresarios cubanos radicados fuera del país ha mostrado reservas. Entre las preocupaciones más repetidas aparecen la ausencia de garantías legales estables, la falta de confianza acumulada durante décadas y el impacto que pueden tener las sanciones estadounidenses sobre futuras operaciones.
No es la primera vez que las autoridades cubanas impulsan medidas de apertura económica. Durante el período de acercamiento con la administración de Barack Obama también surgieron expectativas sobre mayores cambios económicos, aunque varias de esas iniciativas terminaron perdiendo impulso.
Ahora el escenario es distinto. La economía enfrenta apagones prolongados, escasez de combustible, dificultades productivas y una salida constante de población, con lo que la búsqueda de nuevos inversionistas llega como una medida desesperada del régimen, que se niega a aceptar su colapso económico.