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Revelan cómo es rentable un negocio privado en Cuba: “Aplicamos un 35% de margen comercial”

Explica el alza en los costos que implica un incremento en los precios finales al consumidor
Revelan cómo es rentable un negocio privado en Cuba “Aplicamos un 35% de margen comercial”
Juanky´s Pan comenzó hace 14 años como una pequeña cafetería, pero ahora tiene varias líneas de negocio. (Captura de pantalla © La Joven Cuba – YouTube)

El emprendedor cubano Juan Carlos Blaín, conocido como Juanky y propietario de Juanky´s Pan, explicó en conversación con el economista Omar Everleny cómo un negocio privado intenta sostenerse en Cuba en medio de inflación, escasez, inestabilidad cambiaria, apagones, falta de combustible, límites bancarios, topes de precios y una carga tributaria enorme.

Durante una entrevista para el programa Economía Aterrizada, de La Joven Cuba, Blaín detalló que la rentabilidad ya no depende solo de comprar barato y vender más caro, sino de calcular costos visibles e invisibles en una economía marcada por el deterioro estructural y la falta de reglas estables.

Juanky´s Pan comenzó hace 14 años como una pequeña cafetería. Hoy funciona como una Mipyme operadora logística con servicios de distribución, centro de elaboración, tiendas online, mercados y el negocio gastronómico por el que se hizo conocido.

Esa expansión refleja el crecimiento del sector privado en la isla, pero también sus limitaciones.

Según Blaín, la revisión de precios es una tarea diaria. La empresa cuenta con un especialista dentro del departamento de ventas para monitorear el mercado, debido a la volatilidad de los costos y a la pérdida constante de valor del peso cubano.

Uno de los principales factores señalados por el emprendedor es la tasa de cambio. Blaín explicó que mantener el capital de trabajo tiene un costo aproximado del 2% dentro de los gastos indirectos.

La razón es simple: cuando la empresa vuelve a comprar mercancía, el mismo dinero alcanza para menos productos. Pues en cada ciclo de reaprovisionamiento de mercancía crece un 2% la inflación.

A esa presión se suma el precio del combustible, que en los últimos meses encareció las operaciones logísticas desde el puerto del Mariel hasta el cliente final. Según su testimonio, esos traslados cuestan hoy entre tres y cuatro veces más que antes.

Al producto final se le pone un margen comercial del 35%

La estructura de precios del negocio parte del costo directo de cada producto, pero incorpora una carga adicional por impuestos, transportación, salarios y mano de obra. Juanky calcula que esos costos indirectos representan alrededor del 25%.

Si la empresa aspira a una utilidad del 10%, debe aplicar un margen comercial, es decir un sobre coste que paga el consumidor final, cercano al 35%.

Sin embargo, ese porcentaje no se aplica de forma uniforme. Algunos productos admiten mayor margen por su demanda, mientras otros se venden con poca o ninguna ganancia para atraer clientes o responder a necesidades básicas.

El ejemplo del pan

El ejemplo más claro es el pan. Una bolsa de seis panes de 80 gramos cuesta 400 pesos cubanos (CUP), aunque antes se vendía en 300.

La panadería entrega ese paquete a Juanky´s Pan por 370 pesos. Al revenderlo en 400, la ganancia nominal es de apenas 30 pesos. Según Blaín, el margen real no llega al 20%, mientras los costos indirectos ascienden al 25%.

En la práctica, el negocio pierde cerca de un 5% con ese producto. Aun así, lo mantiene disponible como “producto anzuelo”, colocado al final del mercado para que el consumidor recorra el local y pueda comprar otros artículos con mayor rentabilidad.

El negocio también limita la venta de pan a dos bolsas por persona para evitar el acaparamiento y la reventa. La decisión evidencia una tensión frecuente en el mercado cubano: si el privado sube demasiado el precio, el producto queda fuera del alcance de la mayoría; si lo mantiene bajo, puede ser comprado por terceros para revenderlo más caro.

En ambos casos, el consumidor queda atrapado entre la escasez y el encarecimiento. La falta de oferta estatal suficiente agrava ese escenario y traslada parte de la presión social hacia los pequeños negocios.

Puré de tomate de producción local

Otro caso expuesto por Blaín fue el puré de tomate nacional. El producto se vende a 100 pesos por botella y se elabora con apoyo a productores rurales, a quienes el negocio entrega botellas y chapas reutilizadas de cervezas consumidas en el restaurante.

Frente a ese puré, un tomate frito importado de 380 gramos cuesta alrededor de 700 pesos. La diferencia puede llegar a ser de 100 contra 760 pesos por cantidades similares. Aun así, muchos clientes prefieren el producto importado por su presentación, lo que muestra el peso del envase, la etiqueta y la percepción de calidad en la decisión de compra.

La empresa aplica una lógica parecida con el arroz nacional. Compra el grano, lo limpia, lo beneficia y lo empaqueta para venderlo a un precio menor que el arroz importado en dólares.

Lo mismo intenta hacer con otros productos agrícolas, aunque Blaín reconoce que los precios dependen de la cosecha, la temporada, el clima y la disponibilidad. En ocasiones, incluso el producto nacional puede resultar más caro que el importado.

Bancarización obligatoria genera costos adicionales

La bancarización es otro punto crítico. Blaín aseguró que Juanky´s Pan y Cabo Mercado aceptan el 100% de los pagos por transferencia, una práctica que, según sus cálculos, elevó las ventas hasta en un 15%.

Todos los trabajadores cobran por esa vía, y también se pagan impuestos, renta, arrendamientos y servicios a empresas estatales. El problema aparece cuando los proveedores no aceptan transferencias.

Entonces, el dinero queda inmovilizado en el banco y la empresa no puede convertirlo con facilidad en mercancía, materias primas o efectivo operativo.

El límite mensual de 120.000 pesos para operaciones personales fue señalado como una traba. Blaín recordó que esa cifra equivalía a 1.000 dólares cuando la tasa oficial de referencia era de 120 pesos por dólar.

Pero si el propio Estado reconoce una tasa de 460, el límite debería ajustarse a 460.000 pesos, propuso. Un dueño de negocio que recibe 300.000 pesos de utilidad, por ejemplo, no puede usar plenamente ese dinero si queda atrapado por restricciones bancarias.

Para el emprendedor, esta política desestimula el uso de canales formales y empuja a muchos actores económicos hacia soluciones informales.

Impuestos demasiado rígidos

En materia tributaria, Blaín calificó el sistema como demasiado rígido para la realidad cubana. Explicó que las empresas deben cargar un 10% de impuesto sobre ventas más un 1% territorial, para un total de 11%. Ese costo se incorpora al precio final y lo paga el consumidor.

En tal sentido, propuso bajar los tributos al 2% durante una etapa inicial y elevarlos gradualmente a 3% o 4% después de dos años, mientras se crea cultura fiscal. También cuestionó los topes de precios, calculados en muchos casos con una tasa de 120 pesos por dólar, aunque la referencia actual ronda los 460.

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