
El sacerdote cubano Alberto Reyes ha hecho una nueva publicación en Facebook donde arremete contra el régimen de la Isla. Su mensaje ha calado en el corazón de católicos y no practicantes, dentro y fuera de Cuba.
El prelado es conocido por ser una de las pocas voces de la Iglesia Católica en Cuba en alzarse contra el régimen comunista. Durante años, el padre Alberto ha utilizado las redes sociales como plataforma de denuncia ante los maltratos del gobierno.
Con valentía y desde la luz del Evangelio, ha mostrado las atrocidades llevadas a cabo por un régimen dictatorial. Precisamente, porque es lo que pedía Cristo: no permanecer impávido ante la crueldad y el dolor del mundo.
En su más reciente “pensamiento”, tal y como les llama a estos escritos que ya suman 154, el padre Alberto reflexiona sobre qué es un delito de lesa humanidad. Para quienes no conozcan el término, lesa proviene del latín y significa: “dañar, herir, ofender”.
Entonces, un delito de lesa humanidad se refiere al daño contra la humanidad; contra la dignidad del ser humano. Pero no es cualquier daño. Es un ataque que ocurre desde quien tiene el poder de manera sistemática y generalizada.
Ya en la antigua y civilizada Roma, la Corte Penal recogía como delito de lesa humanidad:
- Asesinato
- Exterminio
- Esclavitud
- Deportación
- Encarcelamiento ilegal
- Tortura
- Persecución por motivos políticos o religiosos

¿Les suena conocido? Es exactamente lo que la dictadura cubana hace desde 1959 con el pueblo. Tal y como plantean los estándares internacionales, para que un gobierno incurra en estos delitos, debe usar el aparato del Estado a su favor. Esto es:
- Fuerzas armadas
- Policía
- Órganos de inteligencia
Todos estos medios los deben poner, deliberadamente, en función de oprimir al pueblo. El padre Alberto lo plantea maravillosamente cuando explica: “¿Es que no ha existido en Cuba desde el triunfo de la Revolución una represión organizada y sistemática contra los opositores, una represión que va desde los fusilamientos en La Cabaña hasta las múltiples y continuadas detenciones de todo aquel que se manifieste contra este sistema, incluidos menores?”.
Y la respuesta viene a la mente de millones de cubanos con la velocidad del rayo. ¿Cuántos centros de detención? ¿Cuántas golpizas? ¿Cuántos fusilamientos o defenestraciones impunes a lo largo de más de seis décadas de tortura sistemática?
El sacerdote Alberto Reyes va más allá. Recuerda las extrañas circunstancias en las que falleció el activista Oswaldo Payá, quien perdió la vida en un accidente de tránsito. Según denuncia el párroco, hace “pensar más en un asesinato calculado y no en un accidente”.
Sin miedo y con la sotana en su lugar, el prelado se cuestiona cuántos años la Iglesia ha sido silenciada y marginada. ¿Cuántas veces no se ha usado el miedo y el sometimiento como política de control del pueblo? ¿Cuántos cubanos se han visto obligados a dejar su patria para no perecer a manos del verdugo infame?
Además, califica las misiones médicas de trabajo esclavo en beneficio del gobierno y de quien, muchas veces, arriesga su vida en otro país extraño. Algo de lo que la prensa cubana jamás hablará, precisamente porque no existe libertad de expresión.

“¿Es que mantener a un pueblo en el hambre, en la miseria, en la falta de higiene, en la ausencia de medicamentos, no provoca un genocidio silencioso, un exterminio normalizado?”, se pregunta el párroco y esta periodista con él.
En su texto, denuncia también el silencio cómplice que se eleva desde los gobiernos de decenas de países en todo el mundo. Ese silencio compartido, muchas y lamentables veces por la Iglesia Católica.
Quienes compartimos la fe del Padre Alberto sabemos que se trata de tener esperanza en que la vida vence siempre a la muerte. Él mismo lo resume cuando cierra su denuncia al decir: “Con apoyo o sin él, todo lo que hoy es muerte en Cuba lo convertiremos en vida”. Amén.


este se desperto ahora o estaba dormido eso pasa hace 67 anos USTEDES LOS CURITAS NO SABEN QUE LOS CASTROS SON UNOS HDP ASESINOS Y SIEMPRE SE AN QUEDADO CALLADO EL VATICANO EL PAPA Y LOS CURAS NO ME J…