
Un hecho insólito ocurrió en la 64 Serie Nacional de Béisbol, cuando el manager del equipo Santiago de Cuba fue despedido a mitad de campeonato por la Dirección Provincial de Deportes. La razón: continuas equivocaciones del directivo, que al colocar un jugador impropio provocó que le confiscaran varios juegos, acumulando derrotas para Las Avispas.
En una extensa nota oficial, las autoridades deportivas reconocieron la entrega del cuerpo técnico y resaltaron el “sacrificio” de los entrenadores, a los que describieron como docentes comprometidos que han trabajado incluso enfermos, en un contexto de crisis sanitaria, circulación de virus y secuelas del paso del huracán Melissa. Aun así, concluyeron que la dirección del equipo “no ha cumplido su rol” en esta edición.
La comunicación, en la que se menciona a instituciones, organizaciones políticas y de masas, así como al “pueblo y aficionados”, intenta blindar al aparato deportivo y político local, mientras concentra la responsabilidad en el mánager. El texto oficial admite que el equipo ha quedado “por debajo de las expectativas de todo un pueblo”, un reconocimiento poco habitual en la retórica del deporte estatal cubano.
Las autoridades subrayan que a la actual dirección se le ofreció “plena confianza” por parte de especialistas, la Comisión Provincial de Béisbol y la dirección del Inder. Sin embargo, consideran “inaceptable” la falta de medidas para evitar nuevas indisciplinas y violaciones del reglamento, hechos que terminaron sancionando al conjunto con juegos confiscados.
La destitución de Cajigal se produce tras varias temporadas en las que, según la propia nota, se habían logrado avances en el desarrollo deportivo del equipo, aunque sin alcanzar el campeonato. El giro drástico llega cuando la crisis de resultados se vuelve inocultable para la afición y las redes sociales.
En lugar del mánager saliente asumirá, de forma inmediata y hasta el final de esta etapa, Idalberto Lamothe Lombart, quien fungía como coach de banca. El movimiento interno evita reconocer fallos estructurales más profundos en la gestión del béisbol santiaguero y en el propio sistema deportivo centralizado del país.
La referencia a la situación sanitaria, a la presencia de varios virus y a los daños del huracán Melissa funciona como telón de fondo, pero no explica por qué no se corrigieron a tiempo las violaciones del reglamento. La afición, que carga con años de crisis económica y apagones, ve cómo también el béisbol se decide en oficinas y notas oficiales.
Para muchos seguidores de Las Avispas, la salida de Cajigal es un síntoma de un problema mayor: un deporte controlado por estructuras políticas y administrativas que se muestran rápidas para sancionar individuos, pero resistentes a revisar el modelo de gestión. La destitución no responde si cambiarán los mecanismos de supervisión y transparencia.
La Serie Nacional de Béisbol, uno de los pocos espectáculos masivos que todavía moviliza pasión en la isla, vuelve a quedar marcada por decisiones polémicas. Por ejemplo, esta misma semana se produjo un robo masivo en el estadio Victoria de Girón que afectó a varios peloteros del equipo de Matanzas.
Los ladrones ingresaron al vestuario y dugout del equipo haciendo un saqueo donde se sustrajeron guantes, bates, zapatos, teléfonos y carteras de los jugadores, dejándolos sin sus pertenencias personales y herramientas de trabajo.
Ante el impacto emocional y la imposibilidad de competir sin sus implementos, la dirección de Matanzas, en conjunto con las autoridades deportivas nacionales, suspendió el juego. El incidente ha causado indignación en el mundo beisbolero, ya que vulnera la confianza en el deporte.
Este robo se suma a una serie de sucesos negativos en la Serie Nacional, como las sanciones por hechos violentos en otros estadios y decisiones arbitrales controvertidas, lo que ha marcado la edición actual de la liga.