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“Se unen y acaban con la dictadura”: impiden a la UNE cortar la corriente en Marianao

Vecinos en Marianao rodean a un trabajador de la UNE.
Los vecinos detuvieron a los empleados, acusándolos de corruptos y descarados. (Foto © Zea Gisselle- Facebook)

Vecinos de Marianao, en La Habana, impidieron que una brigada de la Empresa Eléctrica abandonara un barrio después de que los trabajadores desconectaran un circuito y dejaran a la comunidad sin electricidad.

Los apagones están llevando a los cubanos a una nueva actitud contra las autoridades, en donde la pasividad y la paciencia que han caracterizado al pueblo parece estarse agotando.

Los residentes exigieron conocer la orden que autorizaba el corte, llamaron a la Policía y reclamaron directamente a funcionarios de la empresa por una interrupción que, según los afectados, se extendería durante al menos 24 horas.

La denuncia fue difundida en Facebook por Gisselle Zea, una de las residentes afectadas. Según su relato, los linieros no mostraron el documento solicitado por los vecinos para justificar la desconexión. Ante esa situación, los habitantes rodearon el vehículo de la brigada e impidieron inicialmente que saliera del lugar.

La tensión aumentó con gritos de “descarados” y “corruptos” dirigidos a los trabajadores. Los empleados finalmente abandonaron la zona cuando llegaron dos agentes policiales en motocicletas.

Los vecinos también rodearon a la directora de la Oficina de la Empresa Eléctrica en Marianao para exigir que se restableciera el servicio.

El episodio ocurrió mientras agentes de la Seguridad del Estado observaban la situación e intentaban identificar a quienes consideraban responsables de organizar el reclamo.

Zea aseguró que no existía un grupo de dirigentes detrás de la protesta y planteó que los propios residentes podían actuar colectivamente para reclamar un servicio básico.

El enfrentamiento refleja un cambio en la respuesta de algunos cubanos ante los apagones. La falta de electricidad ya no provoca únicamente quejas en redes sociales o dentro de los hogares.

Durante los últimos meses se han multiplicado las concentraciones espontáneas en distintas localidades, especialmente cuando los cortes se prolongan durante horas o afectan también el suministro de agua.

En julio se registraron protestas en Lawton, La Habana, donde decenas de vecinos realizaron cacerolazos y exigieron el regreso de la electricidad.

También documentó manifestaciones en Santiago de Cuba, Holguín, Granma y otros territorios. En algunos casos, los residentes denunciaron jornadas con más de 20 horas sin corriente.

En junio, vecinos de Centro Habana bloquearon una calle con basura incendiada después de permanecer más de 32 horas sin electricidad.

Ese mismo mes se registraron protestas en varias zonas de La Habana, Artemisa y Santiago de Cuba por los apagones, la falta de agua y las dificultades para conseguir alimentos.

El malestar también ha producido acciones más contundentes. En marzo, habitantes de Morón, Ciego de Ávila, llegaron hasta la sede municipal del Partido Comunista durante una protesta originada por los cortes eléctricos.

La manifestación terminó con daños en la instalación y un joven herido por disparos de agentes del régimen.

La crisis energética ha reducido el margen de tolerancia de una población que enfrenta apagones prolongados, falta de agua y dificultades para conservar alimentos.

Además, los colapsos nacionales del Sistema Eléctrico Nacional han dejado en varias ocasiones a millones de personas sin servicio durante largas jornadas. En julio, uno de estos episodios requirió más de 36 horas de trabajos para recuperar la interconexión del sistema.

El caso de Marianao muestra que el reclamo ya comienza a dirigirse directamente contra los trabajadores y funcionarios encargados de administrar el servicio.

Mientras las autoridades atribuyen parte de los problemas a las averías, el combustible y el deterioro de la infraestructura, para los vecinos afectados la prioridad inmediata es recuperar la electricidad.

La sucesión de protestas indica que los apagones están dejando de ser únicamente un problema doméstico y se están convirtiendo en una fuente cada vez más visible de confrontación entre la población y las autoridades.

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